Mientras Venezuela dice NO, Brasil dice ¡dale que va! a la minería de Bitcoin
Pasarse de Brasil a Venezuela es como cambiar de mundo en minutos para la minería de Bitcoin. En Venezuela, las máquinas se apagan porque la luz está bien justa y hay que cuidar la red eléctrica. Pero, en Brasil, todo es al revés: abren las puertas para que entre equipo nuevo y la energía se vuelve un tesoro que impulsa a los mineros digitales.
El 8 de mayo de 2026 Brasil soltó una nueva resolución, la Gecex 894, que básicamente dice: “no paguen impuestos por importar ciertos equipos para minería de Bitcoin”, y así facilita la entrada de tecnología hasta 2028. Esto incluye sistemas de refrigeración líquida y centros de datos modularitos, que son básicos para esos enormes ranchos digitales donde se mina.
La jugada de Brasil es clara: hacer que la tecnología cueste menos para que más mineros le saquen jugo a la energía renovable que tienen a mano. Ellos quieren que la electricidad no solo ilumine casas, sino que también genere plata digital. Al eliminar hasta un 18% de impuestos, dejan el camino abierto para que nuevas granjas digitales crezcan sin que el costo se les dispare. Y ojo, la refrigeración es clave, porque puede consumir casi la mitad de la energía que usa una mina.
Ahora, Brasil tiene más de 200 GW de energía renovable instalada, lo que lo hace muy atractivo para quienes quieren invertir en minería. Por el otro lado, Venezuela está viendo todo lo contrario: justo cuando Brasil bajó los impuestos, el Ministerio de Energía allá ratificó que la minería digital está completamente prohibida porque su sistema eléctrico no aguanta. Hasta ofrecen mil dólares para quien denuncie mineros ilegales, y ya han confiscado equipos.
En Venezuela, cada vatio que le meten a la minería es un vatio menos para que no se vaya la luz en las casas, donde muchos todavía sufren apagones diarios. Por eso, allá la energía es puro sobrevivencia.
Este contraste muestra algo muy real en Latinoamérica: la soberanía ya no se mide solo con fronteras o recursos minerales, sino en cuánto puede un país mantener encendida su energía para su gente. Brasil y Venezuela están de acuerdo en que la energía es oro, pero Brasil la usa para crecer y Venezuela la frena para no quedarse a oscuras.
Además está Paraguay, que juega otro partido. Allá usan la energía extra de la represa Itaipú para no solo minar Bitcoin, sino también para atraer negocios con inteligencia artificial. Están armando un polo regional de cómputo con empresas grandes que invierten y se apoyan en acuerdos internacionales. Para Paraguay, el vatio es base para su futuro tecnológico.
En resumen, en Latinoamérica hay tres caminos y visiones para la energía: Brasil y Paraguay ven la energía como una herramienta para crecer en la economía digital, mientras Venezuela se concentra en mantener la luz prendida a toda costa. Al final, el que la parte gane no será quien tenga más máquinas minando, sino quien use la energía de la mejor manera para hacer crecer a su gente y su país.

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