Perseguir la minería de Bitcoin en Venezuela es como pegarse un balazo en el pie ¡y no te lo imaginás!

Perseguir la minería de Bitcoin en Venezuela es como pegarse un balazo en el pie ¡y no te lo imaginás!

Pues mira, echarle la culpa a la minería por los problemas de luz en Venezuela es puro chisme sin fundamento. El 18 de mayo, el viceministro de Energía Eléctrica, el general Vianney Rojas, se fue directo a la Zona Industrial de San Vicente, en Maracay, para desmantelar una granja con 4,000 máquinas ASIC que estaban succionando entre 8 y 10 megavatios, todo en lo que llamaron “Operación Cazador”.

Justo ese día, Hashrate Index soltó la bomba: Venezuela está quemando gas que equivale a 344,000 barriles diarios, energía más que suficiente para superar todo el poder minero de Bolivia si se aprovechara bien. Pero ahí anda el viceministro, peleando con esos 10 megas, mientras que están incendiando a lo bestia más de 2,000 megavatios a cielo abierto y nadie mueve un dedo. Ese quemón no es ilegal, es la rutina actual de PDVSA.

La relación del gobierno con la minería de Bitcoin ha sido un tira y afloja bien intenso. Entre 2014 y 2017 andaban “cazando” mineros y confiscando equipos en casa por casa. Luego, en 2020, dieron una legalización medio tímida con un decreto y empezó el rollo del Registro Integral de Mineros. Después vino lo de PDVSA Cripto, que nadie entiende muy bien qué onda. En 2023 se cayó la Sunacrip y quedó todo el mundo en el limbo, con licencia pero sin para quién chillar, sin dirección ni claridad.

Ahora vienen con el veto absoluto desde mayo de 2026, con la “Operación Cazador” y hasta ofrecen mil dólares por alguien que delate a los mineros, que es una lana más del cuádruple del mes promedio que gana un venezolano. ¡Sí, no estás leyendo mal!

La cosa aquí no es qué tan listos sean, sino que las reglas cambian cada rato. Cuando eso pasa, no levantas industria, solo creas mercados en la sombra. Justito eso ha pasado con la minería en Venezuela: una industria condenada a esconderse porque el Estado así lo quiso.

El gobierno dice que la minería daña la red eléctrica por las fluctuaciones, pero la verdad es que el problema real es que la infraestructura de transmisión está hecha polvo. Venezuela tiene capacidad para generar hasta 17.75 GW de energía hidroeléctrica, pero solo puede mandar 8.5 GW por la red, porque las líneas están viejas, dañadas y sin mantenimiento. Del Guri salen 100 MW, pero solo llegan 40 a los hogares. El resto se pierde o es robado.

Una planta gigante llamada India Urquía, con turbinas carísimas, está parada porque no hay lana para mantenimiento. Culpar a la minería que apenas representa el 0.47% del hash global de esta crisis es puro cuento.

Un estudio de la Universidad de Duke mostró que las minas de Bitcoin son tan flexibles que podrían sumarle hasta 76 gigavatios de demanda sin problema en Estados Unidos. ¿Cómo? Apagándose cuando la red lo pide, y prendiendo cuando hay calma, todo súper fácil. Los mineros son el “amortiguador” de la red, no su desastre.

En Texas, los mineros han ayudado un buen, apagándose en segundos durante las olas de calor y hasta ganando dinero por eso. Cuando hay poca demanda, vuelven a prender y así mantienen todo más estable. La minería de Bitcoin es la única industria que puede parar y prenderse al cien sin broncas. Una fábrica de aluminio o un data center no pueden hacer eso.

Mientras Venezuela anda con su “cacería”, en Bolivia se están aventando inversiones extranjeras en termoeléctricas para minería, y hasta dijeron que si Venezuela abría su mercado, caerían de una.

El gas que queman en la Faja del Orinoco equivale a casi 2 GW de potencia generadora que se pierde. Con una inversión seria de entre 700 millones y 2 mil millones de dólares se podría montar una industria minera fuerte, generar divisas y sin tocar la red eléctrica de los hogares ni un megavatio.

Pero el gobierno decidió prohibir todo eso en mayo, y la pregunta ya no es técnica, sino política: ¿Por qué persiguen justo a la única industria que puede meterle billete, tecnología y dólares a Venezuela?

Cobrar impuestos a la minería legal daría más ingresos que andar confiscando miles de máquinas usadas de un jalón. Lo que falta no es recurso ni gente lista ni capital extranjero, sino reglas claras y duraderas.

Mientras tanto, la misma Washington acaba de flexibilizar permisos para que empresas gringas ayuden al sector eléctrico venezolano, pero al mismo tiempo aquí se incautan máquinas y se ofrece recompensa para que la gente se raje con los mineros. La minería de Bitcoin podría ayudar a estabilizar la luz, pero el gobierno prefiere cazarla.

Así que, raza, la neta es que con un poco de cabeza y reglas claras, la minería puede ser parte de la solución y no del problema. Pero hasta que no cambie el chip, seguirán perdiendo una oportunidad bien chida.

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