Murch pone en jaque el Q
Murch, un crack en el mundo Bitcoin y editor de las propuestas de mejora (BIP), dijo el 3 de mayo en X que no le late tanto el rollo urgente del famoso ‘Q-Day’. Este ‘Q-Day’ es el supuesto día en que una compu cuántica podría hackear la seguridad de Bitcoin, pero para él los que andan alarmando no se aguantan ni con sus propios argumentos.
Cada que abre Twitter, Murch ve puros “expertos” que solo tiran hype sin saber bien de qué hablan. Eso lo hace no tomar en serio que esta amenaza esté a la vuelta de la esquina. Eso sí, asegura que hay que estar preparados y seguir investigando, pero sin caer en el pánico barato.
Por otro lado, Adam Back, cofundador de Blockstream y maestro de la criptografía, le tiró la onda diciendo que mejor hablemos de “Q-decade” (la década cuántica) en vez de “Q-day”. Lo que importa, dice Back, es que Bitcoin tenga un mecanismo para que los usuarios puedan migrar sus claves a formatos que aguanten la cuántica cuando se acerque el peligro, sin que sea obligatorio, algo así como una ruta voluntaria.
Si ese plan existiera y la gente pudiera acelerar la migración cuando sea necesario, tener una década para arreglar todo estaría chido y sería manejable.
Este debate no es cosa de uno o dos cabrones, sino que es un tema de fondo en la comunidad crypto. Back y otros como Samson Mow, CEO de JAN3, coinciden en que el peligro real podría estar en unos 10 a 20 años, y que apurarse podría ser un error porque las firmas postcuánticas son monstruosamente más grandes, lo que haría más lenta la red.
Pero no todos están tan tranquilos. Vitalik Buterin, el de Ethereum, cree que la amenaza puede llegar en 2028, y Charles Edwards dice que Bitcoin tiene que blindarse antes de ese año. Incluso Google ya puso fecha límite para migrar a sistemas postcuánticos en 2029 y alerta que parte de esa amenaza cuántica ya está aquí, no es algo del futuro lejano.
Otras compañías como Cloudflare y Grayscale también están firmes con planes para tener todo listo para finales de esta década. En resumen, el reloj sigue corriendo, pero la carrera no es de velocidad, sino de cabeza fría y buen plan.

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