¡Empresas de criptomonedas, pónganse el cinturón antes de lanzarse a Venezuela!

¡Empresas de criptomonedas, pónganse el cinturón antes de lanzarse a Venezuela!

Aníbal Garrido, que sabe un buen sobre blockchain y cripto, dice que antes de que cualquier empresa de criptos se ponga a chambear en Venezuela, debería hacerle un “sandbox”. O sea, una prueba controlada para asegurarse de que todo funciona chido y sin broncas legales.

Aunque salió la licencia 57 del Departamento del Tesoro gringo, que supuestamente abriría la puerta para que bancos públicos venezolanos se conecten con sistemas financieros internacionales y las fintechs se lancen al ruedo, la verdad es que la cosa no está tan fácil.

Garrido explica que las empresas extranjeras todavía ven un chorro de complicaciones técnicas y reglas que cumplir para poder operar en el país. Mientras sigan las sanciones, la neta, es un terreno bravo para aventarse. Todo depende de cuánto riesgo quieran agarrar: si le entran con ganas fuertes, tal vez en el futuro veamos a una empresa grande con base acá, pero si son bien cautelosos, van a esperar a que se arregle el tema de la OFAC.

Además, el ecosistema venezolano de criptomonedas tiene sus propias reglas que no se pueden brincar. Las empresas deben “amarrarse bien los pantalones” y cumplir con todo el papeleo y requerimientos legales, igual que en cualquier país. Si no tienen lo mínimo para arrancar, ni se les ocurra llegar.

Hasta ahorita, no hay pista ni señales de que alguna empresa internacional grande esté tocando la puerta de la Superintendencia Nacional de Criptoactivos (Sunacrip). El mundo cripto en Venezuela, aunque chiquito, está muy conectado, y si algo serio pasara, todos lo notarían rápido.

Hasta los del ambiente local que van tras sus licencias están esperando con calma, pero los internacionales no se asoman por acá.

El rollo de que la “flexibilización” de las sanciones a la banca pública abriera la puerta para las criptoempresas se puso de moda gracias a Asdrúbal Oliveros, un economista que ve el vaso medio lleno. Pero Garrido aclara que para que una empresa entre en serio, tiene que hacer todo el trámite para obtener permiso, y ahora mismo, fuera del país, eso no está ni en planes.

Y para que la cosa esté peor, Sunacrip lleva casi cuatro años en una reestructuración Después del escándalo de corrupción entre Pdvsa y varias cripto, que tiene al sistema medio cerrado, sin mucho movimiento para que entren jugadores nuevos. El Estado manda y ahorita no hay señales claras de que quieran abrirle la puerta a empresas internacionales para manejar casas de intercambio.

Por ejemplo, hace poco Qash, un neobanco de stablecoins, dijo que se van a meter “con todo” en Venezuela gracias a la licencia de la OFAC, pero sin decir cómo. Para Garrido, eso es puro show, algo “aventado”, porque en el ecosistema local no ha habido ningún movimiento real que lo confirme.

El problema es que aquí hay reglas y controles bien estrictos. No es como llegar y abrirse paso, hay que echarle ganas y cumplir al pie de la letra. El Decreto Constituyente sobre Criptoactivos marca la pauta, y mucha gente desde fuera cree que esas reglas están más para frenar que para ayudar a crecer el sector.

Para que las empresas se avienten en el ruedo venezolano, Garrido sugiere que primero hagan ese rollo del sandbox, donde prueben sus sistemas con un grupito controlado de usuarios. Dice que esa “caja de arena” ayudaría a que tanto la fintech como el regulador estén seguros de que están haciendo todo bien, desde la ciberseguridad hasta las regulaciones. Eso podría hacer que la mezcla entre finanzas tradicionales y descentralizadas funcione con todas las garantías.

Aunque el ecosistema venezolano tiene fama de rápido para adoptar cripto, sigue siendo un espacio encerrado y bajo mucha vigilancia. Para Garrido, la única forma de que algo chido pase es respetando las reglas y agarrando firme la tecnología y la legalidad. Si no, las empresas van directo contra un “muro de concreto” que no van a poder ni brincar, ni colar.

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