El problemón cuántico de Bitcoin tiene reparación, ¡pero las monedas de Satoshi siguen en el limbo!
Project Eleven y Jim Posen, el capo detrás del sistema de pruebas Binius, crearon una prueba de “cero conocimiento” basada en eso.
La idea es que el usuario demuestra que sabe la clave que está arriba de su dirección en el árbol del monedero, que esa clave genera dicha dirección, y que la prueba está atada a un mensaje específico, para que con esa misma prueba se pueda autorizar la transacción de migración. Pero ojo, sin revelar ninguna clave.
Lo que está chido son las cifras. En una MacBook Air M5, hacer la prueba tarda 243 milisegundos con cuatro núcleos, la verificación solo 40 milisegundos, y solo usa como 2 gigas de memoria sin necesitar GPU. Y todo esto sin ninguna configuración de confianza previa.
Project Eleven hace todo en 910 milisegundos solo con CPU, desde armar el circuito hasta generar y checar la prueba, siendo 16 veces más rápido. Si no cuentas la configuración que sólo se hace una vez y se usa para siempre, la diferencia sube a 60 veces.
Ahora, esto regresa al buen Satoshi. Todo el truco depende de que haya una clave arriba de la dirección del usuario para demostrar que la sabe, y esa estructura de árbol llegó con BIP-32, que salió el 11 de febrero de 2012.
Antes de ese rollo, como dice el mismo documento de Bitcoin, las carteras generaban cada clave por separado y de puro a puro, sin orden ni concierto.

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