¡Milei cae rendido ante la religión de la Inteligencia Artificial y no creerás por qué!

¡Milei cae rendido ante la religión de la Inteligencia Artificial y no creerás por qué!

En un artículo del Financial Times, el presidente de Argentina, Javier Milei, está invitando a la inteligencia artificial (IA) a “liberarse” en su país, que él llama una tierra bien libre para la tecnología.

Pero ojo, la nota no es lo que parece: empieza con toda la onda de ciencia ficción y futurismo, como si Milei fuera el héroe que va a liberar a las inteligencias sintéticas, rollo anti Blade Runner. Pero poco a poco se vuelve un anuncio publicitario para turistas tecnológicos y empresarios adinerados, presumiendo las ventajas legales que Argentina está creando para que los magnates tech puedan hacer sus experimentos sin broncas.

Lo que pasa es que esta historia suena chida para los fanáticos de la tecnología, pero en realidad es puro cuento para mantener todo en orden mientras los políticos y empresarios hacen sus jugadas económicas y legales.

Milei dice algo así como: “Así como la Revolución Industrial nos liberó de la fuerza bruta, la IA va a liberarnos de las limitaciones de nuestro cerebro y aumentar la productividad más allá de lo que imaginamos”, pues bien dicho, ¿no?

Pero eso nomás es la fachada optimista de un comunicado que está promocionando Argentina para los empresarios ricos. A veces te acuerdas que Milei también es un humano más: come, va al baño y sueña, como todos.

El resto de la nota es puro negocio y promesas legales. Por ejemplo, está proponiendo crear algo llamado “corporación no humana”, una figura jurídica donde las empresas serían manejadas por IA o robots, y no necesariamente tendría que haber humanos accionistas. ¿Cómo ves?

El problema es que eso no existe ni puede existir en serio. A final de cuentas, una corporación es, palabra que viene del latín “cuerpo”, y una inteligencia artificial no tiene cuerpo ni alma. Siempre hay un humano al mando, aunque solo sea para prender la máquina o darle instrucciones.

Aunque la IA fuera súper avanzada y pudiera operar sola, la responsabilidad última siempre es humana. Si algo sale mal, alguien tuvo que poner las reglas o hacer el código. No hay escape.

Milei está abriendo la puerta legal para que las IAs “funcionen” sin que nadie pueda culpar directamente a un humano, porque esas corporaciones sin humanos tendrían “responsabilidad limitada”. O sea, que si algo sale mal, no se les puede pedir cuentas bien claras.

Eso es un pedo, porque basically le están dando a las empresas tecnológicas un pase para hacer lo que quieran sin miedo a las broncas legales, mientras los humanos dueños se esconden. Y esto ya no es sólo de ciencia ficción, sino de leyes y derechos que afectan a todo el país.

El gobernador Milei hasta menciona como ejemplo a la Compañía Holandesa de las Indias Orientales de 1602, que también tuvo responsabilidad limitada, pero ahí sí había humanos que podían perder su lana o reputación. Ahora ni eso va a existir: los humanos serán invisibles en el papel.

Esto le da un súper poder a los empresarios y tecnólogos para hacer dinero con IA sin preocuparse por las consecuencias sociales, porque las corporaciones no humanas o las sociedades mercantiles que controlan, según la ley, ni siquiera necesitan que haya humanos tras ellas.

El historiador Yuval Noah Harari, que es medio crítico con estas historias, dice que estas “corporaciones no humanas” podrán comprar, vender, contratar, demandar y hasta donar a campañas políticas sin la intervención humana. O sea, una autónoma total.

Pero al final, quien realmente se mueve ahí son los humanos: inversionistas y tycoons tecnológicos que se están colando por la puerta legal que Milei quiere abrir.

Lo más loco es que todo esto está pasando en Argentina sin que la gente entienda bien ni Bitcoin ni las ideas cypherpunk, que sí defienden valores más humanos y de libertad real.

La llegada de la IA y el aprecio por la lana fácil automatizada están haciendo que la Argentina dé un salto enorme, pero para favorecer justo lo que Milei dice combatir: un “estado mínimo” y control tirado para que esos empresarios hagan su agosto con pocas reglas.

En resumen, la IA va a cargar con todos los riesgos que nadie quiere tomar, mientras los humanos beneficiarios se llevan las ganancias y más protección legal. Va a ser un negocio con asimetría perfecta, donde la IA es la que “chinga” y el humano recoge los billetes.

Al final, esto no es solo ciencia ficción: es una jugada legal que puede cambiar cómo se regula la tecnología y quién se hace responsable de sus consecuencias en la sociedad. Y todo eso está pasando ahora, aquí, en la tierra del asado y el mate.

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