¡Increíble giro! Bitcoin se recupera y supera los 72,000 dólares gracias a la esperanza en Medio Oriente
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Algunas wallets están bien diseñadas para que te puedas chingar, ya que esconden la dirección real de tus monedas.
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Los expertos convierten los datos de la blockchain en pruebas legales que sirven hasta en cortes de otros países.
En Venezuela, un intento de “recuperar fondos” fue puro cuento que acabó en el buzón del FBI, gracias al Internet Crime Complaint Center (IC3), que se dedica a cazar a los morros que hacen fraudes en línea. El abogado Ernesto Portillo, jefe de CriptoJuris, contó cómo un hacker no entró a un sistema, sino que aprovechó que la persona no se puso pilas para checar bien las cosas.
Portillo, que desde 2018 ayuda a entender cómo usar cripto en Venezuela, contó en marzo de 2026 para CriptoNoticias que los ladrones le jugaron chueco a la mente de la víctima. El tipo, que es venezolano-estadounidense y ya había perdido lana en un fraude estilo Ponzi en 2023, recibió el chisme de una supuesta plataforma legal que prometía devolverle su dinero.
Para que todo pareciera real, los rateros enviaron 32,000 tokens que en la wallet se veían como “USDT”. Pero cuando la persona quiso moverlos, la chamba le dijo que la dirección estaba vacía, como si nada existiera.
Esto pasa porque los rateros crean un token sin valor que solo finge ser el verdadero, copiando el nombre y símbolo del stablecoin Tether.
La neta, hacer un “USDT falso” es cuestión de copiar datos en redes como Ethereum o BNB Chain. Cualquiera puede hacer un contrato y ponerle “Tether USD”.
La trampa funciona porque muchas wallets prefieren mostrar el nombre del token en vez de checar la dirección del contrato inteligente, que es lo único que te dice si un token es real o chafa.
Unos fondos que se ven, pero la wallet dice “cero”
El abogado aclaró que este caso importa porque cruzó fronteras. A pesar de que Venezuela y Estados Unidos no se llevan muy bien, el hecho de que la víctima tenga doble nacionalidad ayudó a que la denuncia llegara bien enterita al FBI.
Portillo explicó que cuando empezó a revisar lo que pasó, hizo un análisis forense en la cadena de bloques para entender cómo alguien podía ver dinero que, en realidad, no existía:
“Cuando trato de mover los tokens, la wallet me dice que no hay nada. Pues yo veía el saldo, así que me puse a rastrear. Metí el hash en varios exploradores y en Etherscan me salió la alerta: ‘cuidado, estos tokens son falsos’”.
Ernesto Portillo.
Con ese rastreo, logró armar un informe técnico certificado que entregó al FBI. Aunque el resultado del caso está bajo reserva y probablemente la lana no se recupere, ese documento fue un buen paso para dar seguimiento.
Con este caso, Portillo tira fuerte y dice:
“Las criptos no son anónimas ni están fuera de la ley. Siempre hay reglas. Se habla de transacciones privadas, no anónimas”.

En Venezuela, la Providencia 044-2021 obliga a los proveedores a rastrear de dónde vienen los criptoactivos. Pero, según Portillo, la parte débil sigue siendo cómo cuidamos nuestra info personal. Para él, el fraude digital es en el fondo un robo de identidad:
“Si un usuario sabe qué es el rollo, menos chances de que lo agarren. Los delincuentes lo que quieren es tu información. La gente cree que le hackean el WhatsApp y no pasa nada, pero ahí está todo su tesoro que puede usar para hacer fechorías”.
Ernesto Portillo.
Lo que deja claro este caso es que las blockchains son un registro público que nunca se borra. Aunque para analizarlas necesitas herramientas chidas, la denuncia ante el FBI muestra que la víctima tiene poder si sabe cómo revisar la cadena.
El fraude del USDT falso refleja el debate que tiene Venezuela sobre si se necesita o no regulación en las criptos, como lo reportó CriptoNoticias. Portillo dice claro que lo que se regula es la actitud de la banda, no la tecnología misma. En este fraude, el pendejo no hackeó la blockchain, que es neutral, sino que abusó de la confianza de la víctima que no checó bien el contrato antes.

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