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La economía en América Latina está en plena transformación. Las formas clásicas de manejar la lana y la energía ya no son lo único que manda: las nuevas tecnologías digitales están sacudiendo todo el tablero. Para la mitad de esta década, la región se ve como un experimento loco con fuerzas opuestas pero que, al final, se necesitan. Por un lado, los países con petróleo a montón vuelven a agarrar protagonismo gracias al aumento en el precio del combustible. Pero, por otro lado, la ola digital con cripto activos y Bitcoins agarra fuerza, dándole la opción a la banda de cuidar su dinero sin depender tanto de bancos o gobiernos que a veces la quieren hacer de a pedo.

Con la energía caro, no todos los países salen parejos. Los que exportan mucho petróleo ven que entra más dinero y pueden hacer proyectos chidos. Sin embargo, esto no siempre se refleja en que la gente viva mejor. Aunque el gobierno se vea próspero y haya más dinero, la gente siente que cada vez compra menos por los precios que no paran de subir. Así, la brecha entre lo que tiene el país y la realidad de sus habitantes se hace gigante. Por eso, muchos buscan otras maneras de guardar su lana, sin que les chinguen con la inflación o los trucos del banco.

En este rollo, Bitcoin dejó de ser solo para especular y ahora es como un salvavidas cuando la cosa se pone dura, ya sea por inflación o porque los bancos ponen mil trabas. En distintos lugares del sur, la gente usa estas monedas digitales porque les da una forma más segura de guardar su dinero y moverlo sin que nadie los esté cachando o poniendo reglas raras.

Lo curioso es que en países súper ricos en petróleo, la gente anda metida hasta el cuello en el mundo de las criptomonedas. Eso muestra que ni tener un montón de recursos naturales hace que uno confíe ciegamente en la moneda del gobierno. La corrupción, mala administración o simplemente que la industria petrolera no funciona bien, hace que la raza busque proteger su dinero en redes que no dependen de políticos y funcionan con códigos.

En cuanto a energía y medio ambiente, Centroamérica está sacando ventaja usando energía renovable, como el calor de los volcanes, para alimentar las computadoras que hacen funcionar el Bitcoin. Están apostando a un modelo más verde. Pero en otros lados, como en la zona andina, sigue predominando la extracción de petróleo y gas, que contamina y usa más fósiles. Esto abre un debate sobre cuál camino es más chido para el futuro y cuál aguanta mejor cuando el mundo exija energías limpias.

La pelea por el control en Latinoamérica se juega en dos frentes: el del subsuelo, con los gobiernos tratando de controlar el petróleo y demás, y el digital, donde cada persona busca ser dueño de su propio dinero sin que nadie la esté vigilando o controlando. No es que uno tenga que ganar y el otro perder, pero sí hay que cambiar la forma de ver la seguridad financiera. Para que un país atraiga lana ahora no basta con tener buen petróleo y leyes buenas, también debe abrirse a la tecnología que permite mover dinero digital sin broncas.

Pero ojo, esto no es un camino fácil para todos. La brecha digital aún es un problemón y no todo mundo tiene acceso a internet o a estas tecnologías. Aunque la digitalización es ya imparable, los gobiernos y reguladores tienen que ponerse las pilas para no quedarse atrás y entender de qué va este nuevo rollo.

Hasta las remesas han cambiado. Ya muchos usan redes digitales para que sus familias reciban la lana rápido y sin que las transferencias les chinguen comisiones o los hagan hacer filas y papeleos. Esto mete dinero directo en las casas sin tanta mamada.

Pero no todo es color de rosa: estas monedas digitales necesitan que haya luz y buen internet de forma constante, y eso en latinoamérica depende mucho del petróleo y la energía tradicional. Si se apaga la luz o se pone caro el servicio, todo el mundo digital se puede caer. La realidad nos muestra que la tecnología y el mundo físico están más atados de lo que pensamos. La independencia verdadera no es elegir solo uno, sino aprender a manejar ambos.

Así que ya sabes, en esta película económica de América Latina, lo antiguo y lo nuevo están ch ch ch ch ch ch… ¡mezclados más que nunca!

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