¡Alerta! Un USDT “fake” venezolano que terminó con el FBI tras la pista del billete digital trucho
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Algunas wallets hacen más fácil el fraude porque esconden la dirección real de las monedas.
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El peritaje técnico convierte la info de blockchain en pruebas legales para casos en otros países.
En Venezuela, una supuesta “recuperación de fondos” terminó siendo puro cuento y acabó en el Internet Crime Complaint Center (IC3), la división del FBI que investiga fraudes online. Así lo cuenta Ernesto Portillo, un abogado y CEO de CriptoJuris, que reveló cómo un ladrón no hackeó nada, sino que jugó con la confianza y la falta de chequeo técnico del usuario.
Portillo, que lleva desde 2018 ayudando con temas de cripto en Venezuela, explicó en marzo de 2026 a CriptoNoticias que la estafa aprovechó la vulnerabilidad emocional de la víctima. Un chavo venezolano-estadounidense que ya había perdido lana en un esquema Ponzi antes, fue enganchado por una supuesta plataforma que ofrecía ayuda legal para recuperar su dinero.
Los delincuentes enviaron 32,000 tokens que, en la wallet, salían como “USDT” para que pareciera real. Pero cuando quiso moverlos, la wallet decía que no había nada ahí.
El truco está en que los estafadores mandan un token sin valor que sólo “finge” ser USDT de verdad. Así nomás se ve el nombre y el símbolo igualito, pero no es el verdadero.
Crear un “USDT falso” es fácil para quien sabe: basta con copiar los metadatos y ponerle el mismo nombre en redes como Ethereum o BNB Chain. Cualquiera puede lanzar un contrato inteligente y ponerle “Tether USD”.
Esto funciona porque muchas wallets sólo muestran el nombre del token y no checan la dirección real del contrato, que es lo único que dice si el token es de verdad o no.

Unos fondos que se ven, pero la wallet nomás dice: “cero”
El abogado aclaró que esta mentira tiene alcance internacional. Aunque Venezuela y Estados Unidos están fregados en política, la doble nacionalidad de la víctima ayudó para que toda la info junta sirviera en una denuncia formal.
Portillo explicó que, desde 2024, hizo un análisis forense en la blockchain para mostrar cómo alguien puede ver un saldo que en realidad no existe:
“Cuando trato de mover los tokens, sale ‘dirección sin fondos, wallet sin fondos’. Pero yo pensaba: ¿cómo si los estoy viendo? Entonces busqué más a fondo. Metí el hash en varios exploradores y llegué al Etherscan, que advertía: ‘cuidado con estos tokens, son falsos’.”
Ernesto Portillo
Con esta investigación, se pudo armar un informe técnico certificado que se entregó al FBI. Aunque el resultado final de la investigación se mantiene en secreto y la lana difícilmente se recupera en estos casos, el paso fue súper importante.
En base a esto, Portillo desmiente que el mundo cripto sea “anónimo” o “alegal”:
“El mundo de las criptos no es anónimo ni fuera de la ley. Siempre hay reglas. Hay transacciones privadas, no anónimas”, dice.

En Venezuela, la Providencia 044-2021 obliga a los servicios de cripto a hacer análisis de trazabilidad. Pero el eslabón más débil sigue siendo cuidar bien la info. Para Portillo, el fraude digital es, en realidad, un robo de identidad:
“Un usuario bien informado es menos propenso a caer. Los ciberdelincuentes quieren tu información. La gente cree que si les hackean el WhatsApp no pasa nada, pero ahí tienen todo su tesoro: datos completos que pueden usar para hacer delitos.”
Ernesto Portillo
Lo que deja claro este caso es que las redes de criptomonedas son como un libro público que no se borra. Aunque el peritaje forense usa tecnología avanzada, la denuncia al FBI muestra que la verdadera fuerza de la víctima está en poder revisar su “cadena de bloques”.
El fraude del USDT falso refleja el debate que hay en Venezuela desde hace tiempo: ¿es necesario regular? Portillo dice que lo que se regula es la conducta de la gente. Acá no se hackeó la blockchain, que es neutral, sino que el ladrón abusó de la confianza de alguien que no revisó bien el contrato que firmó, porque si lo hubiera hecho, habría visto que era falso al toque.

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