¡Casi es un hecho! Un acuerdo que revolucionará las stablecoins está al 99%, según Lummis

¡Casi es un hecho! Un acuerdo que revolucionará las stablecoins está al 99%, según Lummis

Moody’s acaba de soltar su nueva forma de evaluar las stablecoins, esos activos digitales que prometen valer lo mismo que el dinero de a jota. Esto es un paso gigante para meterlas de lleno en el sistema financiero mundial, porque por primera vez, una agencia de renombre pone reglas claras para checar qué tan riesgosas son, usando herramientas clásicas pero adaptadas a lo digital.

¿Y qué son las stablecoins según Moody’s? Pues son activos que están diseñados para valer igual que la lana de verdad —el peso, dólar o euro— y que puedes canjear al instante. Por eso los califica casi como si fueran depósitos bancarios, y lo que importa es que quien los emite sea capaz de cumplir siempre con ese compromiso.

La chamba empieza con ver qué activos respaldan esas stablecoins, revisando si son buenos, si valen lo suficiente y si no se van a devaluar cuando más los necesiten. Para esto, Moody’s usa unos cálculos donde pesan la calidad crediticia y el valor en el mercado, aplicando reducciones según el riesgo y qué tan fácil es vender esos activos rápido.

La evaluación es en dos pasos: primero hacen un balance preliminar con la calidad y el valor, y luego le meten consideraciones extras —como los riesgos en tecnología, operaciones y liquidez—, porque estas monedas digitales deben poder cambiarse por lana al tiro, sin broncas.

También detectan riesgos gordos, como cuando algo falla en la tecnología blockchain o en los contratos inteligentes, o si hay problemas para rescatar las stablecoins cuando todos las quieran retirar a la vez. Además, subrayan que separar legalmente las reservas protege a los usuarios si el emisor se pone en plan.

Aunque la metodología se rifa ampliando el panorama, sigue enfocada en el riesgo crediticio, es decir, en que las reservas tengan la solvencia y cobertura necesarias. Esto ayuda a que los inversionistas tradicionales entiendan mejor estos activos digitales al hablarles en su idioma.

Para el mercado global, esta movida es una puerta para que las stablecoins sean vistas con los mismos ojos que otros instrumentos financieros, lo que podría ayudar a que entren más fácil en carteras de inversión, sistemas de pago y negocios grandes.

En Latinoamérica, aunque Moody’s no da opiniones concretas sobre la región, se sabe que las stablecoins han ganado fuerza como forma para mandar remesas, protegerse de la inflación y tener acceso a dólares digitales, especialmente donde los bancos convencionales no jalan como deberían. Acá, estas monedas a veces operan fuera del radar regulatorio.

Con esto, la metodología de Moody’s podría servir de guía para los reguladores que aún no saben qué hacer con las stablecoins. Como el sistema financiero de Estados Unidos pesa mucho, no sería raro que países latinos se inspiren en estas reglas para armar las suyas.

Pero ojo, esto también trae retos. Si se exige más calidad en reservas, liquidez y estructura legal, los que tengan más lana y experiencia se llevan la delantera, y los nuevos podrían quedarse fuera.

La discusión también va por otro lado: algunos quieren meter las stablecoins en el sistema financiero tradicional, como si fueran depósitos, mientras que otros prefieren dejarlas en el mundo digital para seguir impulsando innovación y acceso.

En resumen, Moody’s no cambia todo el juego, pero sí pone la mesa para evaluarlas formalmente. No cierra la cuestión, sino que invita a pensar diferente cómo medir estos activos y qué reglas podrían aplicarse en el futuro.

Para América Latina, el verdadero impacto dependerá de cómo los reguladores, emisores y usuarios agarren esta nueva onda y la adapten a un mercado donde las stablecoins ya hacen más que solo ser un brinco digital del dinero tradicional.

Y ya sabes, esto no es consejo para hacer inversiones, así que siempre investiga bien antes de meterle a cualquier chiste financiero.

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