¡Solana se dispara más allá de 210 dólares y los alcistas están de fiesta!

¿Quieres un cambio en la forma en que usamos y pensamos el dinero? Pues no solo eso, la manera en que producimos y consumimos está pidiendo a gritos una transformación. El modelo viejo de “agarrar, hacer, usar y tirar” ha estado en la jugada por siglos, pero ya se está quedando corto, y se nota con los problemas que tenemos: recursos naturales cada vez más escasos y montones de basura por todos lados.
Aquí entra la economía circular, que no es solo reciclar más, sino armar todo de nuevo, desde cómo diseñamos las cosas hasta como las usamos y transformamos para que no se vuelvan basura chafa. La idea es simple: ¡cero desperdicio! Mantener los productos dando vueltas, que se puedan arreglar, desarmar y darle otro uso. Esto ayuda a no depender tanto de materia prima nueva y además crea chamba y negocios que antes ni imaginábamos.
En la onda de la moda, hay marcas que te rentan ropa o venden prendas usadas para que duren más y tú puedas cambiar de estilo sin gastar una fortuna ni llenar tu clóset de cosas que solo usas un par de veces. En electrónica, algunas empresas alquilan sus gadgets y se encargan de arreglarlos y reciclarlos cuando ya no sirven, para sacarles todo el jugo posible. Así, hacen productos que aguantan más y no tiran todo al bote a la mera hora.
Hay también quienes usan los desechos de unas industrias para hacer materiales nuevos, como cenizas de plantas de energía para bloques o cemento, evitando así sacar más materiales de la naturaleza y reduciendo basura. Esto no es cosa de cuentos, la economía circular sí funciona y puede ser un buen negocio, además de que ayuda al planeta.
Lo bacán es que esta idea ayuda a cuidar la naturaleza porque consume menos energía y materiales, bajando la contaminación. Y para las empresas, representa ahorro, innovación y más empleos en reparación y reciclaje. Además, reduce la dependencia de proveedores lejanos, cosa que siempre nos puede salvar cuando algo se pone difícil en el mercado global.
Pero ojo, no todo es color de rosa. Para que esto crezca, necesitamos más infraestructura para juntar y clasificar cosas, además de tecnología que nos permita reciclar productos que ahora están hechos de materiales difíciles de separar. También hace falta que la banda cambie su chip y valore más los productos que duran y se pueden reparar, en vez de querer siempre lo último y más barato. Sin leyes que apoyen el rollo circular, muchas empresas seguirán con lo de siempre porque les sale más barato.
Si la economía circular avanza, puede cambiar todo, porque hace que las cosas duren más y ya no necesitemos comprar nuevo todo el tiempo, lo cual rompe con esa idea de que tenemos que crecer y crecer sin parar. El verdadero reto es si estamos listos para una economía donde el chiste no sea vender más y más cosas nuevas, sino cuidar lo que ya existe.
En resumen, la economía circular no es moda ni cuento, es una forma real de negocio que ayuda al planeta y a la lana. Pero falta mucho para que se ponga al cien, y para eso necesitamos infraestructura, tecnología y, sobre todo, que todos cambiemos cómo consumimos. ¿Te animas a entrarle?
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