¡Alerta! Una métrica de Bitcoin se desploma al nivel más bajo desde 2018 ¿Sabes qué implica?

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La globalización fue como ese empujón que hizo que las empresas buscaran producir en lugares súper lejanos para ahorrar varo y mejorar la eficiencia. Por mucho tiempo, las empresas de Occidente se mudaron a Asia para fabricar sus productos, algo que se llama offshoring. Pero con la pandemia, las broncas políticas y los líos en la logística, se dieron cuenta de que esa estrategia no era tan infalible. Ahora, la onda es el reshoring, o sea, traer la producción de vuelta a casa o a zonas más cercanas como América Latina.

¿Por qué América Latina está en el ojo del reshoring? Pues porque está cerca de mercados importantes como Estados Unidos, lo que baja tiempos y costos de transporte. Además, aquí hay mano de obra preparada y que no cuesta tanto, y varios países tienen acuerdos comerciales que facilitan hacer negocios. Pero ojo, no todo es color de rosa: la infraestructura muchas veces está chueca, la burocracia y la corrupción le meten ruido, y la política es medio inestable, lo que hace que las empresas le piensen dos veces antes de invertir.

En medio de todo esto, la tecnología juega un papel clave. La llamada Cuarta Revolución Industrial está cambiando la forma de producir: con robótica, inteligencia artificial y impresión 3D, ya no se necesita tanta mano de obra barata, sino trabajadores más especializados. Para América Latina, esto es un reto doble: por un lado, puede subir de nivel y meterse en la producción más tech; por otro, necesita que la gente se capacite bien para manejar estas tecnologías.

Para que América Latina aproveche esta chance tiene que ponerse las pilas. No basta solo con decir “estamos cerca y somos baratos”. Se necesita estabilidad política y económica, porque los inversionistas quieren seguridad y reglas claras. También urge mejorar la infraestructura: carreteras, puertos, energía… todo tiene que andar chido. México, por ejemplo, ha avanzado en esto y ya atrae a un buen número de empresas grandes en sectores como el automotriz y aeroespacial.

Además, como la mano de obra barata ya no es lo más importante, la región tiene que apostar al valor agregado y convertirse en un lugar de producción con alta tecnología y procesos complicados. Para eso, la educación técnica y la formación profesional tienen que ser prioridad total. Hay que preparar a la banda para que no solo sepan usar máquinas, sino también programarlas, analizar datos y mantener sistemas robóticos. Sin esto, difícil que lleguen las inversiones más chidas.

También es clave pensar en el ambiente: las empresas ya buscan que sus cadenas de producción sean verdes y responsables. América Latina tiene mucho potencial para ser líder en esto, pero necesita leyes claras y que se cumplan para cuidar la naturaleza.

La competencia está dura: el Sudeste Asiático no se queda atrás y ya tiene ecosistemas súper armados para fabricar. Para que América Latina logre meterse a la pelea, tiene que enfrentar sus problemas internos y estar lista para cambiar al ritmo del mercado global.

En resumen, la oportunidad está, pero no es pan comido. Depende de que gobiernos y empresas trabajen juntos para mejorar infraestructura, dar estabilidad, invertir en capacitación y ser socios confiables. Solo así la región puede transformar ese potencial en realidad y ser pieza clave en la nueva era de la manufactura.

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