¡Es hora de ponerle reglas claras a tu dinero y proteger tu privacidad YA!
Este artículo lo escribió Mouloukou Sanoh, el mero mero de MANSA, una fintech que está revolucionando cómo enviar y recibir lana con stablecoins, esas criptos bien estables que se usan para mover billete sin tanto rollo. Mouloukou no es cualquier chavo: ayudó a armar Cassava Network, metió varo en varios proyectos y trae años de experiencia en inversiones. Nació en Guinea, creció en China y vive en Holanda, por eso sabe bien lo complicado que es mandar dinero sin perder lana.
En Latinoamérica todo está cambiando y Brasil es la estrella del show. Las stablecoins ya no son solo para aventarse a la volatilidad; ahora son la base para hacer pagos internacionales en toda la región. Sólo en Brasil, cada mes circulan entre 6 y 8 mil millones de dólares en criptos, y el 90% es con stablecoins.
La mayoría de ese billete se mueve en pagos entre empresas y remesas, todo súper legal y con empresas que cumplen con las reglas al pie de la letra. Brasil es ejemplo mundial de lo que pasa cuando esta movida crece a lo grande, aunque no sin tropiezos.
En marzo hubo bronca cuando el ministro de Finanzas brasileño, Dario Durigan, decidió pausar la idea de poner un impuesto especial —el famoso IOF— a las transacciones con criptos, porque querían cobrar entre 0.38% y 3.5% cada vez que se usaran stablecoins. Las principales asociaciones del sector, que representan a más de 850 empresas, dijeron “¡no manches!” y se pusieron las pilas para defenderse.
Pero está clarísimo que las stablecoins ya son parte del paisaje en Latinoamérica. En Brasil, 25 millones de personas usan activos digitales y Nubank, que tiene 131 millones de usuarios, metió la stablecoin USDC directo en su plataforma. De hecho, uno de cada cuatro nuevos inversores en cripto en Nubank comenzó con stablecoins. Esto ya está ayudando a que empresas y personas muevan lana más rápido y barato cruzando fronteras.
¿Por qué las empresas prefieren las stablecoins para esto? Porque con los bancos tradicionales, tienen que tener billete guardado en un chorro de países para hacer sus movidas, y eso les amarra las manos y la lana. Eso hace que todo sea más caro y complicado.
Un estudio de Mastercard en 2025 mostró que los bancos gastan entre el 40% y el 60% de sus costos en comisiones solo por mover lana entre países, y el papeleo y reglas agregan otro 40%. Las stablecoins quitan todo eso porque las transacciones se hacen casi en tiempo real sin necesidad de tener lana guardada. Por eso, cada vez más empresas las usan.
El problema es que si meten impuestos nuevos, esos beneficios pueden desaparecer. Las empresas tendrían que subir precios o dejar de hacer ciertos movimientos. Eso frena la innovación y perjudica al cliente final.
En Latinoamérica hay un montón de capital esperando para meterse en este rollo de las stablecoins. Fintechs, inversores, y empresas buscan ampliar sus operaciones y llegar a más gente que no tiene acceso fácil. México, Colombia, Argentina también están armando sus reglas para esta onda.
Argentina, por ejemplo, ya está preparando que los bancos ofrezcan servicios de cripto en 2026. Más del 22% de su gente usa criptos, y entre 2024 y mitad del 2025 movieron casi 94 mil millones de dólares en transacciones cripto. Esto muestra que el continente se está moviendo rápido.
Pero Brasil es el que lidera la carrera. Desde que lanzó Pix en 2020, un sistema de pagos instantáneos, casi toda la gente pudo acceder al sistema financiero formal rapidísimo. Esto fue porque los reguladores pusieron reglas claras que dejaron crecer la innovación. Ahora, las stablecoins están haciendo lo mismo con el dinero que cruza las fronteras.
Brasil fue de los primeros en poner reglas claras para las stablecoins con su Ley de Activos Virtuales en 2022, que los hizo ver como algo serio y formal. El debate que está pasando ahora es para afinar cómo encajan estas tecnologías en el sistema financiero.
Lo importante es entender que las stablecoins dejan que el dinero viaje más libre y barato que antes, facilitando que más gente y empresas tengan acceso a servicios financieros.
El rollo es que las asociaciones grandes de cripto en Brasil dicen que las stablecoins no son dinero normal y que ponerles el mismo impuesto que a las divisas puede ir contra su Constitución y la Ley de Activos Virtuales. Esto no es solo un berrinche, tiene peso legal.
Si meten impuestos, además de cobrar más, podrían hacer que la gente y las empresas saquen su lana del país, frenando todo lo bueno que han logrado. Brasil tiene una de las comunidades cripto más grandes y avanzadas del mundo, y acabar con su crecimiento sería un error.
Lo ideal es que las reglas dejen seguir creciendo esta infraestructura que ayuda a las empresas a crecer, a la gente a tener acceso a servicios y que deje a Brasil bien parado como líder en innovación en pagos en Latinoamérica.
Aviso: lo que aquí se dice es idea del autor y no es consejo de inversión ni nada oficial.

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