¡Prepárate para el futuro! El capitalismo asincrónico y cómo la tokenización está revolucionando (y transformando) nuestro trabajo

¡Prepárate para el futuro! El capitalismo asincrónico y cómo la tokenización está revolucionando (y transformando) nuestro trabajo

Pues mira, la historia de la tecnología nos dice que las herramientas no vienen a quitarle lo humano a la chamba, sino a multiplicar lo que podemos hacer. Desde arar la tierra con máquinas hasta las supercomputadoras de hoy, cada avance nos ha dejado producir más y sudar menos. Pero eso también trae bronca: cuando una tarea se automatiza, lo que antes era valioso (el tiempo y esfuerzo de la raza) se vuelve un gasto que ya no tiene chiste. Ahora la inteligencia artificial está llevando todo esto al máximo nivel, y la mera bronca de pensar ya no alcanza para ganar lana de forma segura.

El problema del rollo económico actual es que ser más productivo no siempre significa que ganes más. Si una máquina puede hacer un reporte, diseñar un logo o sacar cuentas en segundos, el trabajador que hace lo mismo con sus manos y tiempo pelea contra una competencia que no tiene corazón. Esto nos hace pensar que ya no es buena idea vender horas de vida para sobrevivir, sino que la neta está en ser dueño de las cosas que generan lana sin que estés ahí clavado.

Antes, la lógica era simple: metes horas, sacas dinero. Pero con los sistemas automáticos, hacer más resultados ya no cuesta más. Entonces, trabajar más horas solo te va a dejar más cansado y sin teclear más pesos. La jugada chida es cambiar el chip: pasar de hacer el trabajo tú mismo a crear las máquinas, algoritmos o ideas que hagan la chamba por ti y de paso, ganar sin estar pegado al teclado.

Aquí entra lo cool de la tokenización: dividir la propiedad de ideas, diseños o instrucciones en pedacitos digitales que cualquiera puede comprar y vender. Así, si una IA usa un diseño o una base de datos que tú creaste, te cae una regalía automático. Eso quiere decir que tu creatividad puede generar dinero aunque estés echando la hueva. De esta forma, la propiedad se abre para que cualquier persona pueda sacar provecho sin entregarlo todo por un pago único.

Claro, que la banda rica haya acumulado más lana con cada avance tecnológico siempre ha sido tema. La bronca no es la tecnología, sino cómo se reparte la propiedad. Parar el progreso nomás para proteger chambas de ciertas personas es un tiro en el pie que encarece todo y limita el acceso a mejores cosas. Más bien, la solución está en repartir mejor la propiedad, usando estos activos digitales para que más chavos y chavas sean dueños de al menos un cachito de lo que produce la tecnología.

Este cambio nos obliga a ponernos las pilas con ideas de finanzas y leyes. Hay que aprender a manejar nuestro talento como si fuera un portafolio de propiedades, no nomás vender horas. Convertir una habilidad en algo que puedas licenciar y que trabaje por ti es la clave. Aquí lo valioso ya no es hacer el trabajo, sino ser el creador y tener el control de la info y procesos que las máquinas usan. En un mundo donde la inteligencia artificial es barata y abundante, la originalidad y que seas el dueño legal de esa originalidad se vuelven oro puro.

Este modelo nuevo, que llaman capitalismo asincrónico, rompe con la idea de trabajar y ganar al mismo tiempo. Por ejemplo, diseñar un algoritmo hoy puede generarte ganancias por años sin que tengas que estar ahí chameando todo el rato. Esto no nada más ayuda a la economía a ser más eficiente, sino que también permite que la raza se dedique a cosas chidas y no solo a sobrevivir.

La infraestructura para este cambio ya está en proceso. Las redes descentralizadas hacen posible que se reconozca quién creó qué y proteger tu propiedad intelectual en un mar de copias digitales. Así, la tecnología no solo sustituye chamba, sino que también protege el valor de lo que creas. Ser dueño de la tecnología que usan otros es la única forma de no perder relevancia en este mundo donde hacer la chamba ya no es la gran cosa.

Pero ojo, no todo es miel sobre hojuelas. Si este cambio se da al cien, podría crear una nueva exclusión más dura. Si nomás ganas si tienes activos o conocimientos para crear cosas de alto valor, quien no pueda entrar a ese club puede quedar fuera de la fiesta, atrapado en la precariedad sin chance de escalar. Antes, echarle ganas con trabajo físico daba chance a cualquiera de ganar lana rápido; ahora, si quieres entrar a esta economía de la propiedad, requieres nivel y capital desde el inicio, lo que puede hacer más difícil la movilidad social. La propiedad puede ser un pase a la libertad, pero también una barrera para quienes no tienen cómo comprar su entrada.

Así que pues, la neta es que el futuro se pinta con personas que sepan no solo trabajar, sino manejar la propiedad de sus ideas para que éstas hagan lana sin que estén pegados al escritorio todo el día. ¿Listos para ser los dueños del juego?

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