¡La economía circular lo está petando! ¿Solo una moda o la revolución que nadie esperaba?

Si andas pensando en cambiar el rollo del dinero y la forma en que funciona todo, tienes que cachar algo muy importante: la idea de que todo es escaso y hay que acumular no es solo cosa del dinero. La forma en que producimos y consumimos está a punto de dar un giro bien pesado. El típico “agarrar, hacer, usar y tirar” ha sido la norma por siglos, pero ya está bien claro que no jala como debería.

Cada vez hay menos recursos naturales y un montón de basura que no sabemos bien dónde poner. Por eso, ya hay un choro distinto llamado economía circular que busca no solo reciclar más, sino reinventar todo desde cómo se hacen las cosas hasta cómo se regresan al ciclo. Cualquier comunidad que quiera cambiar el juego global tiene que ponerle cabeza a esto.

La economía circular tiene tres reglas de oro: nada de residuos ni contaminación; mantener los productos y materiales en uso el mayor tiempo posible; y ayudar a la naturaleza a regenerarse. Esto va mucho más allá de solo juntar basura; es crear valor con todo lo que usamos a lo largo de la vida de un producto. Las empresas que se suben a esta onda diseñan cosas que pueden arreglarse, desarmarse y reutilizarse fácil. Así se ocupa menos materia prima nueva y se abren nuevas maneras de hacer negocio y ganar lana.

En varios lados ya están haciendo esto chido. Por ejemplo, en la moda hay marcas que rentan ropa o venden prendas usadas, lo que hace que la ropa dure más y que no haya que hacer tanta nueva. Los clientes además pueden variar su estilo sin gastar tanto. En electrónica, algunas compas rentan los aparatos en vez de venderlos, y se encargan de repararlos y volver a usarlos o reciclarlos. Cuando ya no sirven, sacan las piezas chidas para fabricar otras nuevas. Eso hace que las marcas se animen a hacer cosas resistentes y fáciles de arreglar, porque ellas mismas tienen que cargarse con los costos.

Otro ejemplo rifado es que en la construcción ahora usan desechos de otras industrias, como cenizas de plantas de energía, para hacer nuevos materiales. Esto evita que la basura vaya a los rellenos y ayuda a no andar sacando más materias primas. Así se ve que la economía circular no es pura teoría, es una estrategia de negocio que sí funciona y ayuda al planeta.

Lo más chido para el medio ambiente es que se reduce un buen la extracción de recursos y la cantidad de basura que tiramos a los rellenos o quemamos. Cuando mantenemos las cosas en uso, los ecosistemas sufren menos y hay menos contaminación por minería y fabricación. Además, se gasta menos energía porque hacer cosas con materiales reciclados usualmente pide menos luz que con materias virginales. Esto le tira paro para que el cambio climático se frene un poco.

En lo económico, la economía circular tiene todavía más ventajas. Las empresas gastan menos porque usan menos materias primas que pueden variar mucho en precio, y aprovechan mejor todo lo que tienen. También crean nuevos modelos de negocio que les jalan más lana y la innovación en diseño les da un plus en el mercado. Además, se generan empleos en cosas como reparar, remanufacturar y llevar la logística inversa. Esto hace que la economía sea más fuerte al depender menos de cadenas de producción globales que muchas veces están bien frágiles.

Pero bueno, no es todo miel sobre hojuelas. Cambiar al rollo circular tiene broncas. Una de las más grandes es que falta infraestructura chida para recoger, separar y reutilizar todo en grandes cantidades. Las plantas para remanufacturar y reciclar de verdad necesitan inversión en tecnología y equipo. Además, los productos modernos son bien complicados, tienen mil materiales pegados y son difíciles de separar, lo que complica el reciclaje.

También importa mucho qué piensa la gente. Mucha raza cree que lo nuevo siempre está chido y que lo reparado o remanufacturado es de segunda. Para que esto cambie, se tiene que meter en la cabeza que vale la pena que las cosas duren más y que no siempre lo último es lo mejor o lo más barato. Además, sin buenas leyes y regulaciones que empujen la economía circular, muchas empresas prefieren seguir con lo de siempre porque les sale más barato a corto plazo.

La economía circular pinta como la solución lógica y atractiva para un mundo sin tanta basura y sin estar sacando más y más recursos. Pero su éxito podría depender de algo que la lógica actual suele ignorar: el capitalismo moderno se basa en que siempre haya más consumo, que la gente compre cosas nuevas porque se vuelven viejas o obsoletas rápido. Si logramos que los productos sean super duraderos y fáciles de arreglar, se podría acabar esa necesidad de comprar y tirar todo el tiempo, y esto pondría en jaque el crecimiento infinitito que el sistema quiere.

No es solo cuestión de si podemos hacer una economía circular, sino si estamos listos para el tipo de economía que llegaría después, donde ya no estaría el producir millones de cosas nuevas como motor principal de la lana.

La economía circular no es moda, es una estrategia de negocio que ayuda al planeta y al bolsillo. Cambiar cómo hacemos las cosas, usar, rentar y remanufacturar puede bajar los costos y abrir nuevas formas de hacer dinero. Esto reduce la necesidad de materias nuevas, baja la basura y prende la innovación. Pero todavía hay que solucionar que no hay infraestructura, que los productos son complicados y que la gente tiene que cambiar su forma de pensar antes de que pueda ser realidad a gran escala.

(Oye, ojo: lo que lees aquí no es consejo para invertir ni nada así. Siempre infórmate bien antes de mover tu lana o hacer negocios.)

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