¿Está América Latina preparada para la gran ola del ‘reshoring’? ¡La revolución que cambiará todo está por llegar!

La globalización, ese rollo que hizo que las cadenas de producción se fueran a los lugares más lejanos del planeta para ahorrar varo, está cambiando. Por muchos años, las empresas de Occidente mandaron su producción a Asia, esto se conocía como offshoring. Esa estrategia les trajo buenas ganancias, pero también mostró que es frágil cuando llegó la pandemia, los conflictos políticos y los problemas con el transporte. Ahora, está cogiendo fuerza otra onda: el reshoring, que es traer la producción de vuelta a casa o a lugares cercanos, como América Latina.

¿Y por qué América Latina? Pues porque está bien cerquita de mercados importantes como Estados Unidos. Esto hace que los tiempos de transporte sean más cortos y se gaste menos en logística, volviendo todo más rápido y menos complicado. Además, muchos países por acá tienen mano de obra calificada y barata. También hay varios acuerdos comerciales que facilitan mover mercancías y servicios sin tanto rollo.

Pero no todo es miel sobre hojuelas. Hay retos bien gachos que América Latina tiene que superar si quiere aprovechar esta oportunidad. La infraestructura muchas veces está bien chafa: las carreteras, puertos y energía no andan al cien. También hay demasiada burocracia, corrupción y política complicada, que ponen nerviosas a las empresas que piensan invertir. No solo se trata de tener la fábrica ahí, sino de contar con todo el apoyo, desde buenas vías hasta reglas claras y estables.

Tampoco podemos olvidar la tecnología y la automatización. La llamada Cuarta Revolución Industrial está cambiando cómo se produce: ahora las máquinas y robots son los que hacen más chamba, y la mano de obra ya no es tan necesaria ni barata. Esto pone a América Latina con doble reto: por un lado, puede atraer industrias de alta tecnología que no necesitan tantos trabajadores; pero por el otro, necesita un equipo preparado y capacitado, con educación técnica y profesional para manejar toda esta tecnología. No solo se trata de traer fábricas, sino también de formar a la gente para que puedan operar en estas nuevas industrias.

Mientras todo este chisme del reshoring crece, hay que preguntarse si América Latina está lista para agarrar esta oportunidad en serio. No es fácil volverse un centro global de fabricación; se necesita un plan bien pensado que vaya más allá de decir “estamos cerca” o “aquí pagan menos”.

Para que llegue la inversión en serio, la región tiene que dar confianza. Eso significa estabilidad política y económica. Los inversionistas quieren ambientes seguros y predecibles, donde las reglas no cambien de un día para otro. La seguridad jurídica es clave: necesitan estar seguros de que sus negocios están protegidos y que los contratos se cumplen. Si la economía anda loca con inflación alta o políticas fiscales que cambian todo el rato, los inversionistas van a pensar dos veces.

También hay que meterle lana a la infraestructura ya mismo. Las carreteras tienen que estar en buen estado, los puertos y aeropuertos deben funcionar chido, y la energía tiene que ser confiable y no tan cara. México es un buen ejemplo: ha aprovechado que está al tiro con Estados Unidos, ha invertido en corredores logísticos y ha atraído a empresas grandes de la industria automotriz y aeroespacial. En cambio, muchos otros países están atrasados en este tema, y eso les juega en contra.

Con la Cuarta Revolución Industrial dándole duro, la competencia ya no es solo quién paga el salario más bajo. Ahora la clave está en ofrecer valor, en ser un lugar donde se produzca con alta tecnología y procesos complejos.

Por eso la capacitación es súper importante. La educación técnica y profesional debe ser la prioridad. No es solo enseñar a manejar máquinas, sino también programar, analizar datos y mantener robots. Gobierno, empresas y escuelas tienen que trabajar juntos para armar planes de estudio que se adapten a lo que el futuro laboral va a pedir. Si no hay talento preparado, la región se va a quedar fuera de las inversiones más fregonas.

Además, hoy en día nadie quiere trabajar con empresas que no cuiden el medio ambiente. La gente y las compañías buscan que sus cadenas de producción sean no solo eficientes, sino también verdes. América Latina tiene un montón de recursos naturales y biodiversidad, así que tiene chance de liderar en producción sostenible. Pero para eso, se necesitan leyes claras y que se respeten con ganas.

Obvio, la competencia por este rollo del reshoring no es poca. El Sudeste Asiático ya tiene su propia maquinaría que jala bien fuerte. Aunque América Latina tiene la ventaja de estar cerca de Estados Unidos, sus rivales también están jugando duro. La cuestión no es solo tener ventajas, sino estar listos para enfrentar y resolver sus broncas internas para competir de verdad.

En resumen, América Latina tiene una oportunidad chida, pero no está garantizada. Depende de que gobiernos y empresas arreglen la infraestructura, mantengan la estabilidad política y económica, inviertan en capacitar a su gente y se posicionen como socios confiables y con tecnología avanzada en la cadena global. Solo así podrán convertir todo ese potencial en una realidad y ser protagonistas en esta nueva era de la manufactura.

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