¡Alerta cripto! Bitcoin se desploma un 1.2% y Ethereum no se queda atrás con una caída del 0.2%

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La globalización llevó a que muchas empresas mandaran a hacer sus cosas hasta las antípodas, buscando ahorrar lana y ser más veloces, pero ahora ese rollo está cambiando. Durante mucho tiempo, las empresas gringas y europeas se fueron a fabricar sus productos a Asia, porque ahí salía más barato. A eso le llaman offshoring. Aunque les dio buen dinero, la pandemia y otros broncas como las tensiones entre países y los problemas para mover las cosas por el mundo les enseñaron que no todo es tan chido ni seguro.

Ahora está pegando fuerte una idea contraria: el reshoring, que es básicamente traer la producción de vuelta a casa o a lugares más cercanos, como a América Latina. Esta región tiene muchas ventajas, principalmente por estar cerca de Estados Unidos, uno de los mercados más grandes del mundo. Eso hace que el transporte sea más rápido y barato, y las cadenas de suministro no se enreden tanto. Además, varios países tienen gente bien preparada y que trabaja por precios justos. También cuentan con acuerdos comerciales que hacen más fácil mover productos sin tantas trabas.

Pero ojo, no todo es miel sobre hojuelas. Hay problemas serios que Latinoamérica tiene que resolver si quiere aprovechar esta oportunidad. La infraestructura muchas veces es mala: las carreteras están hechas pomada, los puertos no son tan eficientes y a veces la energía falla. También está la burocracia que se mete en medio, la corrupción y la política que puede ser un desmadre, lo cual espanta a las empresas que quieren invertir a largo plazo. No nomás es poner una fábrica, también se necesita todo un rollo alrededor que funcione bien.

La tecnología juega un papel clave en este cambio. La llamada Cuarta Revolución Industrial trae robots, inteligencia artificial y hasta impresión 3D que hacen que no se necesite tanta mano de obra barata. Esto es una chamba doble para América Latina: por un lado, puede traer industrias que requieren más tecnología y menos gente, pero por otro lado, hay que preparar a la banda con habilidades técnicas bien chidas para que puedan operar estas máquinas avanzadas. No basta con atraer fábricas, también hay que invertir fuerte en educación técnica y capacitación.

Para que América Latina se vuelva un jugador importante en esta nueva etapa, tiene que demostrar que puede dar confianza a los inversionistas. Eso significa tener estabilidad política y económica, reglas claras, contratos respetados y un paño económico sin tantos altibajos. Si no, los que quieren meter lana van a pensar dos veces antes de arriesgarse.

Además, hay que invertir en infraestructura ya, no mañana. Las carreteras tienen que estar presentables, los puertos y aeropuertos modernos y la electricidad firme y sin costar un dineral. México ha dado ejemplo con su posición cerca de Estados Unidos y sus corredores logísticos que están atrayendo a empresas gigantes de autos y aeroespacial. Otros países tienen que ponerse las pilas para no quedarse atrás.

La realidad es que con la automatización, competir solo con mano de obra barata ya no funciona. América Latina debe apostar por ser un centro de producción con alta tecnología y procesos complejos. Eso requiere una fuerza laboral preparada, no nada más pa’ apretar botones, sino para programar, analizar datos y mantener estas máquinas. Acá tienen que entrar de la mano gobiernos, empresas y escuelas para construir planes educativos que verdaderamente sirvan para lo que viene.

La sustentabilidad también ya es bien importante. Las empresas no quieren solo que sus cadenas de producción sean rápidas y baratas, sino que también cuiden el planeta. Latinoamérica tiene una chulada de recursos naturales y biodiversidad, lo que puede convertirla en líder de producción verde, pero se necesita reglamentación clara y que todos cumplan con las reglas ambientales.

Claro, no todo es fácil porque la competencia está fuerte, sobre todo de lugares como el Sudeste Asiático, que ya tienen un ecosistema de manufactura muy bien armado. América Latina tiene sus cartas, pero debe resolver sus rollos internos para poder jugar en serio en este juego global que cambia rápido.

En pocas palabras, América Latina tiene la oportunidad de brillar y volverse un jugador clave del reshoring, pero eso depende de que sus gobiernos y empresas se pongan las pilas con la infraestructura, la estabilidad, la capacitación de la gente y convertirse en socios confiables y con valor agregado. Si cumplen eso, la región puede pasar de tener potencial a ser realmente protagonista en esta nueva era de la manufactura.

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