Bitcoin sigue en modo espera mientras los compradores minoristas se hacen los dormidos ¡No te lo vas a creer!

Bitcoin sigue en modo espera mientras los compradores minoristas se hacen los dormidos ¡No te lo vas a creer!

En el rollo económico mundial, está bien curioso ver cómo dos cosas que parecen distintas –el litio y el Bitcoin– tienen más en común de lo que uno creería. El litio es un metal que sacamos de la tierra y que es súper importante para la revolución energética. Mientras tanto, el Bitcoin es puro código, un dinero digital que está cambiando el juego financiero. A simple vista, uno es algo físico y el otro es solo información en la red. Pero si le damos una checada más de cerca, encontramos que ambos enfrentan retos parecidos y hasta se pueden beneficiar uno del otro.

Primero, los precios de los dos son un sube y baja bien intenso. El litio puede subir o bajar dependiendo de si hay problemas para sacarlo o por decisiones políticas en los países que lo producen. Lo mismo pasa con el Bitcoin, que se pega sacudidas cuando salen noticias sobre regulaciones o avances tecnológicos. Esto hace que invertir en cualquiera de los dos sea un riesgo, pero también puede traer grandes ganancias.

Otra cosa que tienen en común es la escasez. El litio no lo hay en todos lados y extraerlo no es tan fácil ni barato, así que su cantidad es limitada. Con el Bitcoin pasa algo similar, solo habrá un cierto número de monedas, porque así fue programado desde el principio. Esa limitación hace que los dos tengan valor, ya sea por su uso real o por la manera en la que están diseñados.

Pero ojo, ambos también tienen broncas con el medio ambiente. Sacar litio puede afectar el agua y el ecosistema, y el Bitcoin se ha llevado críticas por la cantidad de energía que usa su minería digital. Por eso, gobiernos en todo el mundo están tratando de poner reglas, tanto para la extracción de litio como para el uso y comercio de criptomonedas, lo que añade un nivel extra de incertidumbre.

Aunque parezcan primos hermanos, el litio y el Bitcoin tienen diferencias notorias. El litio es físico, un metal que usamos en baterías y muchas industrias. Bitcoin no tiene forma física; es solo datos que circulan por la red sin intermediarios. Además, el litio está muy ligado a la industria y producción de cosas reales, mientras que el Bitcoin depende mucho del ánimo y la confianza de los inversionistas a nivel global.

Un dato que no se puede olvidar es cómo podrían beneficiarse mutuamente en el futuro: la pesca de soluciones energéticas verdes puede hacer que la minería de Bitcoin use cada vez más energía renovable, y esa energía depende de baterías que llevan litio. Así, el aumento en la demanda de litio para baterías ayuda a que la minería de Bitcoin sea más amigable con el planeta. Además, la tecnología detrás de Bitcoin, la blockchain, puede hacer que la producción y distribución del litio sea más eficiente y transparente. ¡Una dupla que se apoya sin tocarse!

Pero ojo, esto no significa que sus destinos estén atados de la mano para siempre. El litio siempre va a ser valioso por lo que sirve en la industria y en la producción de cosas físicas, sin importar qué pase con el Bitcoin. Y al revés, si el Bitcoin desapareciera o fuera reemplazado, no afectaría para nada la demanda mundial de litio.

En pocas palabras, aunque parezca que estos dos se llevan la mejor amistad en el mundo financiero y energético, cada uno tiene su rollo muy particular. La relación entre ellos es más de conveniencia y coincidencia en la pelea por un futuro más sostenible, no una dependencia total.

Y ya sabes, esto no es un consejo para meter lana en uno u otro. Toda inversión tiene riesgo, así que siempre checa bien antes de aventarte.

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