La tokenización va tan rápido que Washington ni la ve venir

La tokenización va tan rápido que Washington ni la ve venir

Hace tres meses, la idea de meter las acciones de EU a mercados basados en blockchain sonaba a ciencia ficción, algo para el futuro lejano. Pero el 17 de septiembre cambió el juego. La Comisión de Bolsa y Valores (SEC) lanzó un marco temporal para permitir la compra y venta limitada de acciones tokenizadas en ciertas plataformas que cumplen con las reglas, lo que acerca la tokenización de acciones al mercado regulado de verdad. Yo he estado viendo todo este cambio de cerca, ya que soy copresidente de una alianza entre Intercontinental Exchange, que manda en la Bolsa de Nueva York, y OKX, que están armando la infraestructura para productos financieros digitales.

La SEC creó una “Exención de Innovación”, que es como un permiso temporal con condiciones estrictas para que ciertos mercados puedan hacer trading automático con estas acciones tokenizadas sin tener que registrarse por completo en la SEC. Esto durará cinco años y permite probar qué tanto funciona esta movida con blockchain, pero sin dejar a la buena de Dios la protección de los inversionistas.

Este movimiento no es cualquier cosa, pero lo más importante es que nos muestra que la tecnología avanza rápido y que ya no es cuestión de si llegará o no a los mercados tradicionales, sino cómo la iremos integrando y qué reglas tendremos que poner para que todo sea justo.

Por cierto, esta tokenización no elimina riesgos ni hace que los reguladores se rifen sin hacer nada. Al contrario, los mercados se sostienen con confianza: que los papeles que tienes sean reales, que las transacciones no fallen, que todo sea justo y que cualquier tramposo pague.

En su momento, cuando fui fiscal en Nueva York durante la crisis financiera, vi lo que pasa cuando la innovación va más rápido que el control y el manejo de riesgos. La moda de créditos riesgosos y productos financieros raros prometían ayudar, pero en realidad causaron un desmadre porque nadie puso freno a tiempo. La lección fue que la innovación y la regulación tienen que ir de la mano.

Esto es justo lo que busca la SEC con su exención. No es un desmadre sin reglas: solo pueden participar quienes estén autorizados; las acciones tokenizadas deben dar los mismos derechos que las normales; hay límites en cuánto se puede mover; y si alguien quiere evitar que sus acciones sean tokenizadas por terceros, puede hacerlo. Los contratos inteligentes tienen que ser auditables y estar en blockchain públicas, y si paran la acción real, también paran la tokenizada.

Esto es como un experimento con reglas claras: se permite innovar, se prueba qué tal funciona y se ajustan las reglas después.

El presidente de la SEC, Paul Atkins, dijo que esta exención es un “puente hacia normas permanentes”. Esto es clave porque no es la última palabra, sino solo un paso temporal.

Curiosamente, justo dos días antes de que la SEC moviera ficha, el Senado no pudo avanzar con una ley que aclarara todo para los activos digitales. No hubo suficiente apoyo y la ley se quedó atorada por temas de protección al consumidor, banca, ética y demás. Aunque estos debates son importantes, la tecnología y los mercados van a seguir creciendo aunque los políticos tarden en ponerse de acuerdo.

He estado platicando con reguladores y gente de mercados europeos, y allá también están haciendo sus pruebas para cómo integrar esta nueva tecnología sin desbaratar la integridad de los mercados. El reto es grande, porque reglas hechas para intermediarios tradicionales no son tan fáciles de aplicar a algo descentralizado. Además, hay que adaptarse sin armar caos.

Europa no tiene todas las respuestas, pero ya tiene marcos comunes que le ayudan a aprender en la práctica.

Esto importa porque el dinero y la tecnología no se quedan quietos. Las instituciones que invierten en infraestructura quieren reglas claras, no que les cambien el juego todo el tiempo. Prefieren reglas estrictas pero predecibles a pura incertidumbre. Y esto no es solo un rollo legal o político, es un tema económico.

Los lugares con reglas claras y confiables van a atraer más inversión, talento y desarrollo. En cambio, los que se quedan en duda se arriesgan a quedarse atrás.

La movida de la SEC ayuda a quitar un poco de esa incertidumbre en EU y lo hace con cuidado. Pero también muestra una realidad: las agencias solo pueden actuar con las facultades que les da el Congreso. Las exenciones tienen fecha y las reglas pueden cambiar con nuevas administraciones o demandas. Las leyes, en cambio, duran más y dicen hasta dónde pueden llegar las agencias.

Esto será todavía más importante conforme la tokenización se siga expandiendo.

Las aplicaciones pueden ser enormes: la tecnología puede cambiar cómo se emiten, transfieren, negocian y registran los valores, reducir costos, hacer todo más transparente y ayudar a que activos difíciles de mover tengan más liquidez.

Claro, nada está garantizado. La tecnología tiene que probar que funciona y la protección del inversionista debe ser lo primero.

Pero la historia financiera nos dice que cuando algo mejora los procesos, los mercados lo adoptan. Como pasó con la bolsa electrónica y la banca móvil, la tokenización podría ser la siguiente gran transformación.

La puerta ya está abierta para descubrir qué pasa.

Lo que ocurra de ahora en adelante, en los mercados, en las autoridades y en el Congreso, decidirá no solo las reglas para esta nueva tecnología financiera, sino dónde se invierte, dónde se construye nueva infraestructura y quién marca la pauta para la próxima generación de mercados.

La tecnología va rápido. La gran pregunta es si en EU pueden armar reglas que aguanten el ritmo.

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