¡Bitcoin se derrumba y arrastra a los mineros en una caída que nadie vio venir!
El 14 de junio, la red Bitcoin se aventó un ajuste en la dificultad de minería, bajando nada menos que un 10.09% en el bloque 953,568. Esta es la segunda caída más grande que hemos visto en lo que va del 2026.
La dificultad pasó de estar cerca de los 139 billones a unos 124.93 billones, que es el nivel más bajón en meses.
La verdad, la dificultad es como la forma en que Bitcoin regula solito la dificultad para minar cada dos semanas, o sea cada 2,016 bloques, para que salga un bloque más o menos cada 10 minutos.
Cuando baja la potencia total de la red, que también se conoce como el hashrate, el sistema baja la dificultad para que la cosa siga funcionando chido. Eso quiere decir que los mineros activos necesitan menos poder de cómputo para encontrar bloques y llevarse su premio.
Ahora, esta bajada de dificultad casi siempre pasa cuando varios mineros deciden darle un break y apagar sus máquinas. Esto viene después de la bajada fuerte que tuvo Bitcoin últimamente.
En un mes, el precio de BTC se fue de casi 79,850 dólares al redondeo de los 64,000, y eso pinchó la rentabilidad de mucho minero.
Los que sienten más este bajón son los de los viejitos ASICs, que son esas máquinas especializadas en minar Bitcoin. Los modelos nuevos son más chidos, porque consumen menos luz por unidad de procesamiento, pero los viejos ya no rinden cuando el precio está bajón o la luz sube.
Cuando estos cacharros se apagan, el hashrate baja y se provoca un ajuste en la dificultad, como el que vimos esta semana.
Pero eso no es todo, la bajada en la dificultad no es solo por el precio de Bitcoin.
Un informe del banco Bernstein de mayo de 2026 dice que las compas que se dedican a minar Bitcoin están echándole ganas a construir infraestructura para inteligencia artificial (IA), justo como lo ha venido contando CriptoNoticias.
Estos mineros controlan más de 27 gigavatios de capacidad en Estados Unidos y ya ataron contratos relacionados con IA por más de 90,000 millones de dólares.
Bernstein calcula que unos 3.7 gigavatios de esa capacidad ya están comprometidos para centros de datos que trabajan en IA. Al parecer, el problema en la industria tech ya no son los chips ni la lana, sino la electricidad conectada a la red.
Y aquí está lo bueno para los mineros: ya tienen toda la infrastructura eléctrica bien armada y manejan centros de datos que jalan mucha energía.
Entre los ejemplos que dice Bernstein están IREN, que firmó con Nvidia por 3,400 millones; Riot Platforms con AMD; y empresas como Core Scientific y Hut 8, que están metiéndole a la computación e infraestructura digital.
Si cada vez más energía se va para proyectos de IA, la minería de Bitcoin va a tener que competir fuerte por un recurso clave: la luz eléctrica.
Por ahora, esta caída en la dificultad es un respiro para los mineros que siguen chambeando. Pero el futuro del hashrate va a depender de quién gana esta carrera por la infraestructura energética: ¿la minería o la inteligencia artificial?

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