¡El presidente de Colombia llega al juego cripto y esto es lo que nadie te ha contado!
Mientras por las calles de Colombia los altavoces de campaña se la rifan con promesas de seguridad y cambios sociales, millones de personas están haciendo algo distinto y en silencio: moviendo su lana con criptomonedas desde la pantalla de su cel, sin pasar ni cerca de las urnas.
El 21 de junio de 2026 se jugará la película con la elección presidencial en Colombia. El abogado derechista Abelardo de la Espriella, que sacó casi el 44% de los votos en la primera vuelta, se va a medir contra el senador izquierdista Iván Cepeda, que consiguió casi el 41%. La cosa está súper peleada.
Pero mientras los candidatos se lanzan sus discursos, Colombia está viviendo una transformación económica que nadie ve en la tele. Resulta que el país es ya el quinto mercado más grande de bitcoin y otras criptos en América Latina. Y ojo, esto ya no es cosa solo de geeks o expertos en tecnología, mucha banda común y corriente está usando estas redes descentralizadas para manejar su dinero.
Entre julio de 2024 y junio de 2025, en Colombia se movieron como 44 mil millones de dólares en criptotransacciones, ¡una locura! Cerca de seis millones de personas (casi la octava parte de la población) usan estas plataformas para cuidar su dinero, hacer inversiones, mandar feria a la familia en el extranjero o pagar cosillas, según la Cámara Colombiana de Comercio Electrónico.
Este boom de las criptos muestra algo curioso: la gente, cuando va a votar, busca estabilidad porque la economía está medio fregada, con mucha deuda y déficit fiscal; pero en su día a día, prefieren meter su lana en bitcoin o en USDT, la stablecoin más tranqui, para no depender tanto de los bancos o del gobierno. Es una manera de poner su dinerito a salvo fuera de los circuitos tradicionales.
Ahora bien, aunque la mayoría piensa que sus movidas en criptos son invisibles, la DIAN está al tiro desde 2021, siguiendo cada paso con su «información exógena»: revisan todo desde bancos, notarías y empresas para cazar cualquier movimiento sospechoso. Este año, la cosa se puso más seria con una nueva resolución que obliga a las casas de cambio a reportar quiénes son y qué hacen sus clientes.
Para la banda que cambia criptos a pesos y viceversa usando sus cuentas personales, esto significa que dejan un rastro clarito. Si mueves mucha feria, aunque no hayas ganado nada, podrías tener que declarar y pagar impuestos. Y si te avientas el tiro de no reportar o declaras mal, las multas pueden doler más que el impuesto que debes.
Eso sí, hay bronca con la regulación porque mientras la DIAN se pone más estricta, el Congreso sigue sin aprobar leyes que protejan de verdad a los usuarios de posibles fraudes o quiebras. Eso deja a mucha gente en el limbo: por un lado, estas criptos son una opción rápida y libre para familias o comerciantes; por otro, el gobierno quiere controlar la plata, sobre todo en tiempos de crisis económica.
Cuando el nuevo presidente tome posesión el 7 de agosto de 2026, no podrá ignorar ese megamercado que mueve más de 44 mil millones de dólares al año. Si decide apretar mucho con los impuestos solo para resolver el déficit, lo que va a pasar es que mucha banda se irá a plataformas extranjeras o al mercado negro digital, y el gobierno perderá control otra vez.
El verdadero reto para el próximo jefe del país será entender que las criptos ya son parte del juego financiero de millones y que, más que reglas para cazarlos, hay que darles protección y reglas claras que les den confianza a todos.

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