¡Olvida ahorrar! En Latinoamérica las stablecoins se usan para gastar y no para guardar
Ir al súper a comprar tortilla, leche o lo que haga falta para la semana usando stablecoins como Tether (USDT) ya es toda una declaración de independencia aquí en Latinoamérica.
En las cajas de Buenos Aires, São Paulo o La Paz, cada vez más gente ya no saca billetes arrugados que se devaluaron rápido por la inflación; ahora solo deslizan el celular para pagar con criptomonedas desde su monedero digital.
Esto ya no es solo moda, es la respuesta que la banda le está dando a los gobiernos que restringen dólares y dejan devaluar la moneda nacional. La gente busca cómo salir del lío y lejos de esperar ayuda, encuentra sus propias soluciones.
Un estudio reciente de la plataforma Oobit dice que ya el 35% de las transacciones con stablecoins en la región no van al ahorro, sino directo a comprar lo básico en el súper.
¿Por qué? Porque Latinoamérica está cambiando de raíz y el uso de cripto no para de crecer. En 2025, la región movió 1.5 billones de dólares en criptoactivos, y las stablecoins son las reinas del baile.
En Brasil, por ejemplo, más de la mitad de las operaciones en exchanges ya son con criptoactivos que valen lo mismo que el dólar, y representan más del 90% de todo el movimiento digital.
Esta forma de pagar ya es tan fuerte que el Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA), que agrupa a los bancos centrales, hasta reconoce que las stablecoins son como un dólar digital alternativo que desafía al sistema financiero oficial.
Pero ojo, esto no es solo cosa de la calle; las empresas y las instituciones también están metiendo mano con las stablecoins. Según Fireblocks, el 71% de las empresas en Latinoamérica usan stablecoins para pagos internacionales, mucho más que el promedio mundial. Por ejemplo, en Venezuela ya hay negocios que importan y exportan usando USDT.
Lo chido es que la tecnología ya alcanzó a la gente. Con la integración de monederos digitales y las redes de Visa, puedes gastar tus stablecoins directo y sin rollos, según Oobit.
Pero, no todo es color de rosa. Esta adopción veloz abrió un debate bien intenso.
Por un lado, los expertos del Fondo Monetario Internacional (FMI) ven las stablecoins como una herramienta chida para incluir a más personas en el sistema financiero. Les sirve a varios para escapar de los controles de cambio y la burocracia bancaria y tener acceso a una moneda más estable.
Pero por otro lado, los críticos dicen que pasamos de un monopolio del gobierno a uno corporativo. La mayoría usa USDT, que acapara más del 90% del mercado, y eso ata la economía local a la política de la Reserva Federal de Estados Unidos y a la opacidad de una empresa privada que guarda las reservas sin que nadie vea qué hay detrás.
Además, esto genera una especie de “dolarización digital” que afecta la soberanía de las monedas locales y puede poner a toda la región en jaque cuando vengan bloqueos o reglas desde Washington.
Mientras tanto, el dinero digital privado compite con el dinero oficial en el día a día del comercio. Para la banda, es la opción para no andar aventándose al mercado informal de divisas y manejar el gasto con mucha más libertad.
Pero eso sí, depender tanto de una sola moneda corporativa deja la economía local vulnerable a las reglas que pongan esas plataformas globales, así que toca estar pilas y pendientes para que esta nueva forma de dinero no pierda la conexión con lo que pasa en la vida real.

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