¡Sorpresa! Los bancos todavía no hurgan en el botín de las stablecoins ¡Pero lo harán!
¿Sabías que hay más de 308 mil millones de dólares en stablecoins repartidos en las 40 redes más grandes de criptomonedas? Así es, y la mayoría — un 87% — está en dos redes sin permiso que se inspiran en la tecnología de Bitcoin: Ethereum (58%) y Tron (29%).
Aunque los bancos ya empiezan a meter las manos, todavía están lejos de controlar las ganancias que se generan por comisiones en estas redes. Los que se llevan la corona son los validadores y stakers tradicionales, que siguen siendo la élite en esto de las criptos.
Después de Ethereum y Tron, las redes que siguen en stablecoins valuadas en dólares son Solana con un 4.4%, y dos capas extra de Ethereum, llamadas Arbitrum (2.2%) y Base (1.5%). Redes bancarizadas como Tempo, Canton Network o Kinexys no tienen la fuerza para mandar en la acuñación o manejo de stablecoins.
Un dato curioso: Kinexys, que es una red cerrada de JP Morgan, lleva moviendo hasta 5 mil millones de dólares al día desde 2020. No es lo mismo que cantidad de stablecoins, sino flujo de dinero. Para que te des una idea, en Ethereum se mueven unos 60 mil millones diarios solo en USDC.
Las stablecoins siguen viajando por redes libres y públicas que, aunque no son perfectas, son más descentralizadas y sin permisos como Ethereum o Tron, y no esas redes bancarias que solo piensan en las instituciones. Esto importa porque las ganancias que se hacen al validar y mover estas monedas suelen quemarse (como en Ethereum para hacer su moneda más valiosa) o repartirlas entre la banda que participa en la red, como en Tron que se maneja con un sistema más democrático.
En pocas palabras, el dinero no está en manos de unos cuantos bancos o grupos exclusivos con permisos especiales, sino que se reparte entre la gente común y corriente de cualquier parte del mundo. Pero ojo, esto podría cambiar si la onda “sin pedir permiso” se pierde y las redes se vuelven como los bancos de siempre, con registros cerrados y controlados.
Ahora, imagina el peor escenario: si redes bancarizadas como Tempo llegaran a dominar el uso de stablecoins, las ganancias irían directo a validadores selectos, como Visa o bancos grandes, y a “super validadores” que solo entran con invitación y cumplen con reglas estrictas. Y peor aún, si redes cerradas como Kinexys se vuelven la norma, la banca controlaría todo el negocio sin que nadie pueda checar qué pasa en la red.
Claro, las stablecoins no son perfectas: pueden ser congeladas, censuradas por órdenes internacionales y, aunque útiles, tienden a perder valor con el tiempo porque no son bitcoins. Pero que estén en redes libres es lo que mantiene viva la diferencia entre las viejas finanzas y el mundo cripto.
Si no fuera porque Tron o Ethereum albergan a USDT y USDC, ya diríamos que los bancos se robaron la idea y que estas redes solo son una extensión de la banca tradicional.
Así que, por ahora, estas redes siguen siendo blindajes para la libertad financiera, aunque siempre hay que estar pilas para que no nos la bajen.

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