¡Mineros de Bitcoin colombianos quieren salvar a Venezuela y no, no es un chiste eléctrico!

¡Mineros de Bitcoin colombianos quieren salvar a Venezuela y no, no es un chiste eléctrico!

Mientras Venezuela sigue firme con su veto total a la minería de Bitcoin, alegando que el Sistema Eléctrico Nacional anda bien cansado, un grupo de venezolanos que ahora chambean desde Colombia trae un plan que podría darle la vuelta a la jugada.

La idea viene de Arley Lozano, de Horeb Energy, y Carlos, de Terawatt LLC. Ellos no solo proponen un negocio, sino una forma técnica para que la minería de Bitcoin deje de ser vista como un problema y se convierta en un alivio para la red eléctrica. ¿Cómo? Aprovechando el gas que hoy solo se quema y se desperdicia en los pozos petroleros.

Esta propuesta llega justo cuando el Ministerio de Energía Eléctrica anunció el 7 de mayo la prohibición total de la minería, porque el consumo nacional llegó a 15.579 MW, el pico más alto en nueve años.

Con una red que pierde el 60% de la energía antes de que llegue a las casas, las autoridades ven a las granjas de minería como un peligro para la estabilidad. Por eso lanzaron planes para desconectarlas y hasta ofrecen $1,000 dólares a quien denuncie actividades mineras ilegales, especialmente en estados como Carabobo.

Pero, frente a este cerrojo, CriptoNoticias revela una salida: la minería off-grid, o sea, fuera de la red pública.

La idea es tomar ese gas que hoy se quema sin sentido en los pozos del oriente y occidente y transformarlo en electricidad directamente en el lugar. Así, montan su propia infraestructura y demuestran que es posible minar Bitcoin sin agarrar ni un solo megavatio del sistema nacional.

El ABC del rescate: eficiencia y ayudar a la banda

Para Arley y Carlos, el «rescate» no es arreglar todo el sistema eléctrico, que necesita miles de millones, sino aliviar la carga en zonas específicas con tres ideas clave:

  • Aprovechar lo que se tira: Usan la minería para dar valor a la energía que hoy se desperdicia. En vez de quemar gas, lo convierten en energía que sí sirve.
  • Soluciones que se pueden mover: En vez de grandes plantas termoeléctricas, estos equipos son portátiles. Pueden ir a zonas críticas, como el Zulia, y darle energía a barrios específicos. Es ir parcheando la crisis por partes.
  • Beneficio para la comunidad: Por cada megavatio que usan para minar, proponen dar energía gratis a las comunidades que viven cerca.

Arley explica: “Cuando gané un premio con una petrolera, dije ‘voy a minar Bitcoin, pero quiero ayudar a la comunidad’. Así, Venezuela podría invitar a mineros de todo el mundo, pero cada vez que usen energía, tendrían que resolver parte del problema eléctrico. Solo hay que negociar.”

De piloto a máquina real en Colombia

Esta tecnología ya está andando en Colombia y pone en evidencia una cosa curiosa: mientras Venezuela desperdicia gas, venezolanos en Colombia están usando ese gas para fortalecer la red allá.

Además, minar Bitcoin necesita inversiones que arrancan en $100,000 dólares, una cantidad mucho más accesible que los cientos de millones para otros proyectos tech.

Arley comenta: “Empezamos con una prueba en Cúcuta para ver si podíamos usar biogás de forma barata. Estas cosas se hacen en Alemania y Estados Unidos, pero nosotros las adaptamos pa’ nuestra región. Ya dejamos la prueba y ahora generamos casi mil megavatios por hora para alimentar 220 mineros, y seguimos probando que todo siga estable.”

Carlos, de Terawatt LLC, añade que en Colombia tienen un acuerdo para obtener gas, y aunque ahora no usan todo el sistema, planean crecer para generar más energía. El problema es que allá hay poco gas, así que entre la ley y el negocio, han hecho lo que parece imposible.

La verdad es que el gas que sobra en Venezuela no vale nada si sigue siendo quemado. En Colombia incluso hay multas ambientales por tirar gas así, lo que hace que aprovecharlo para minar sea más que negocio, una necesidad.

El equipo ve futuros mercados en Texas, Argentina y claro, en Venezuela misma. Pero todo depende de que se aclaren las reglas aquí.

El muro de la desconfianza

Aunque la idea está lista para arrancar, el problema es que en Venezuela la cosa está hecha un lío. Después de la intervención a Sunacrip en 2023, nadie sabe bien qué reglas aplicar. Los inversionistas no temen al gas, sino a que sus equipos se queden en la intemperie o que les frieguen en las alcabalas.

Arley lanza su llamado al grito: “La neta, hay que hacer algo ya. Hay gente lista para chambear. Yo estoy listo. Si mañana me dicen que me vaya pa’ Venezuela, llevo todo y me lanzo, pero necesito garantías.”

Así que el veto oficial responde a que la situación eléctrica es urgente, pero abre la duda: si el problema es consumir energía pública, ¿no podría la autogeneración ser la clave para modernizar el sistema sin sangrarlo más?

Venezuela está sentada en un colchón de gas mientras la gente se acostumbra a quedarse a oscuras. La tecnología para cambiar esta realidad ya está inventada y en manos venezolanas, pero está trabajando fuera del país. Hasta que no se acabe el clima de desconfianza y se den garantías claras, el gas seguirá iluminando el cielo de noche sin servir para nada, mientras las máquinas que podrían salvar al país hacen ruido en otros lados.

Como dicen Arley y Carlos, “es la metáfora más dura de nuestra crisis: tener la solución en las manos y, sin embargo, preferir verla arder.”

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