¡Visa y Mastercard se suben al tren cripto y seguro ni lo notaste!

¡Visa y Mastercard se suben al tren cripto y seguro ni lo notaste!

Visa y Mastercard agarraron la onda de la innovación financiera y se pusieron las pilas. Aunque la infraestructura es descentralizada, los activos todavía no.

Estos gigantes de los pagos no se mueven por berrinches o ideas locas, sino para seguir vivos en el juego. Mientras la banda del dinero tradicional le daba la espalda a las criptomonedas, ellos se quedaron callados, haciendo tratos en lo oscuro. Hoy, en pleno auge, ya tienen todo avanzado y firme apretón de manos con las cadenas de bloques.

El 29 de abril de 2026, Visa anunció que integró nuevas redes cripto como Polygon, Base, Arc, Canton y Tempo a su Programa Piloto Global con stablecoins. Ya tenían a Ethereum, Solana, Avalanche y Stellar, pero ahora son nueve redes para liquidar en cadena. El programa alcanzó 7 mil millones de dólares en transacciones solo en el primer trimestre del año, ¡un 50% más que el trimestre anterior!

7 mil millones en pagos hechos directo en la cadena, por una sola red de tarjetas.

Aunque parece poco comparado con las casi 700 millones de transacciones diarias de VisaNet, la comparación real es con cero. Hace tres años, lo que Visa movía en stablecoins era casi nada, y ahora va creciendo a lo loco. Eso sí que es un regreso con todo.

Visa nació en 1958 por el Bank of America, y Mastercard en 1966 como respuesta de varios bancos. Casi 70 años después, son los dos reyes del sistema global de pagos. En 2025, Visa movió ¡257,500 millones de transacciones! con un valor de 14.2 billones de dólares, y Mastercard solo en el cuarto trimestre movió 2.82 billones. Entre las dos tienen más de 8,500 millones de tarjetas en todo el mundo —más que la gente que vive en la Tierra—, están en más de 200 países y 150 millones de comercios. Donde ellas se mueven, el mundo sigue.

Por años, la bronca era si las redes cripto podrían igualar la velocidad de Visa. Bitcoin hace solo unas 7 transacciones por segundo; Ethereum, unas 15. Por eso se inventaron redes secundarias para acelerar. Pero nadie imaginaba que al final, los procesadores más grandes terminarían usando esas redes cripto para funcionar.

La infraestructura financiera global se está reescribiendo en redes públicas.

En 2017, el CEO de Mastercard llamó “basura” a las criptomonedas que no salen de gobiernos y dijo que no merecían ser dinero. Hoy, ese mismo tipo es presidente del Banco Mundial y su empresa compró BVNK por casi 1,800 millones de dólares para hacer pagos en cadena con dinero tradicional, y también están a punto de comprar una empresa de stablecoins por 2,000 millones.

En 2018, el CEO de Visa decía que Bitcoin era una “cosa para especuladores” y que no iban a procesar pagos con cripto. Hasta suspendieron tarjetas que usaban cripto como Bitpay. Pero al año siguiente, ya invertían millones en startups cripto y lanzaron una red propia para pagos internacionales con tecnología blockchain.

Del “no procesamos cripto” al programa piloto con nueve redes públicas. De “basura” a tener 85 socios cripto y un director que espera que pronto la mayoría de bancos y fintechs usen moneda digital. El cambio no fue por moda, sino porque la infraestructura cambió y con ella la forma de hacer negocios.

Las redes que usan ahora —Ethereum, Solana, Avalanche, Stellar, Polygon, Base, Arc, Canton y Tempo— son unas de las más abiertas y auditables, en donde cualquiera puede checar las transacciones. No son esas redes cerradas y exclusivas de bancos que pensaron al principio.

Esto significa que muy pronto la mayoría de personas que paguen con su tarjeta estarán moviendo dinero por redes cripto sin darse cuenta ni tener que entender cómo funciona.

La tarjeta seguirá igual, con su plástico y logo de siempre, pero el dinero se moverá en stablecoins como USDC o EURC, viajando por Ethereum o Polygon en lugar de por bancos y sistemas tradicionales que tardaban días. Esto ya pasa con tarjetas de empresas cripto y pronto será normal en todos lados.

Los rieles ganaron, pero no la descentralización.

Hay dos peleas distintas que se han confundido: una es quién hace la infraestructura de pagos, y otra es quién controla el dinero. La infraestructura ya la ganaron las redes cripto; el control del dinero sigue siendo otro rollo.

Los rieles son todo lo que pasa por debajo cuando pagas: bancazo emisor, tienda, cámaras de compensación, todo el rollo. Antes eso era lento y dependía de bancos corresponsales y feriados. Ahora con cripto, la liquidación es casi instantánea, los siete días de la semana, sin intermediarios y súper transparente.

Visa no se metió a esto por amor al cripto, sino porque modernizar así les baja costos, acelera tiempos y les permite entrar a mercados donde la banca normal no llega. Mastercard hizo lo suyo sumando stablecoins de empresas como PayPal, Paxos y Circle.

Pero la batalla por “quién manda en el dinero” se juega por otro lado: entre los bitcoineros que hacen todo sin intermediarios y los pagos persona a persona que no dependen de bancos. Esa pelea sigue viva y no es masiva por ahora.

Estas alianzas no llegan con fanfarrias, sino poco a poco, con acuerdos, pruebas, compras, y de repente la mayoría de pagos del mundo están corriendo en las redes que antes descartaban.

A diferencia de bancos que cerraron cuentas a empresas cripto por presión del gobierno, Visa y Mastercard esperaron agachados, hicieron sus negocios y ahora tienen la puerta abierta para lo que viene.

Visa dice que trabaja con más de 70 plataformas cripto para emitir tarjetas conectadas a carteras digitales, y el gasto con tarjetas ligadas a stablecoins creció 673% en 2025, llegando a 4,500 millones de dólares. Visa captura el 90% de esas transacciones, nada mal para esto que no es tan descentralizado.

Cuando EE.UU. dio luz verde legal a las stablecoins con una ley llamada Genius, Visa aceleró el paso. Hoy, incluso, está asesorando bancos para integrar stablecoins, y Mastercard se juntó con Coinbase para promover pagos con cripto en inteligencia artificial. La hegemonía en pagos no se defiende cerrando la puerta, sino abriéndola a lo nuevo.

¿Ganó el “blockchain sí, Bitcoin no”?

Desde cierto punto de vista, este rollo es la victoria parcial y tardía de aquel discurso de 2017 que quería usar la contabilidad distribuida sin tocar a Bitcoin. La diferencia es que ahora usan redes públicas, abiertas y verificables, no redes privadas cerradas. Esa transparencia es un legado directo de lo que Bitcoin mostró que era posible.

El dinero que corre no es Bitcoin, sino dólares tokenizados: USDC, EURC, USDT y otros. Dinero tradicional en versión digital, que puede ser congelado y depende de un emisor que cumple con la ley. La infraestructura es distribuida, pero el activo no es descentralizado. Es un paso gigante tecnológico y una expansión más del dólar, algo impensable para la banca tradicional.

Aunque las redes son públicas, siguen controladas por empresas o fundaciones. Ninguna es tan descentralizada como Bitcoin. Es un teatro de descentralización, como decimos en el gremio.

En resumen, el sistema financiero mundial se está escribiendo de nuevo en redes cripto, mayormente públicas, pero sin perder el control central. Los que van a usar estas redes seguirán siendo los de siempre: Visa y Mastercard. La adopción masiva ya llegó, pero disfrazada de que todo sigue igual.

Artículos relacionados

Respuestas