¡El panóptico toma el control de la conferencia más grande de Bitcoin y nadie lo vio venir!
Bitcoin sirve para políticos, pero también a pesar de ellos. La vigilancia ciudadana es parte clave de estas movidas.
Cuando Foucault habló del panóptico de Bentham, no solo se refería a una cárcel vieja; estaba describiendo cómo funciona el poder en la modernidad. Una torre en el centro que todo lo ve sin que la vean, y un círculo alrededor donde todos están expuestos, cuidándose solos sin que el vigilante tenga que estar cerca.
Ahora, si alguien se pregunta cómo se ve ese panóptico financiero en el siglo XXI, solo chequen quiénes fueron protagonistas en la conferencia más grande de Bitcoin: el director del FBI, el fiscal general, los jefes de la SEC y la CFTC. ¿Queremos que estas figuras sean las que dicten el futuro de Bitcoin? Pues unos defienden esa cartelera y acusan a los bitcoineres europeos de querer una pesadilla comunista.
Pero ese rollo merece que lo desarmemos. Echarle marxismo a quienes solo quieren separar el dinero del Estado, mientras aplauden a los reguladores, es de las ironías más pesadas del mundo bitcoinero.
El argumento es una doble trampa: «bueno, esta administración no es tan mala con Bitcoin» y «los europeos quieren prohibirlo». Lo que pasa es que comparar a Trump con otros no significa que sea amigo de Bitcoin, solo menos mala onda. Y decir que todos los bitcoineres europeos son iguales es una generalización super simplona. En realidad, el bitcoiner europeo es una respuesta al gobierno metiche de allá.
El que corre un nodo en Berlín, arma una meet-up en Praga o usa Samourai Wallet en Madrid no anda pidiendo más control, sino buscando darle la batalla al gobierno desde otros frentes. Lo curioso es que acusan al europeo de defender el espíritu libertario que nació en Estados Unidos.
De hecho, todo el rollo libertario y cypherpunk de Bitcoin es bien gringo: desde los extropianos, la Cypherpunks Mailing List, hasta los primeros en la movida como Hal Finney o Timothy May. Hasta Ross Ulbricht, el chavo texano que terminó en la cárcel por tomar en serio ese mercado libre sin Estado, es parte del cuento.
Aunque la base económica tiene un toque austriaco, las ideas se hicieron chingonas en territorio estadounidense. La desconfianza radical al poder no es algo raro ni europeo ni comunista, sino más bien la esencia de la promesa americana de libertad individual contra el Leviatán estatal.
Y aquí está lo más fuerte: los cuatro funcionarios que subieron al escenario ya construyeron el sistema de vigilancia más intenso de la historia. Se llama PRISM y permite que la NSA, el FBI y la CIA lean mensajes, correos y videos almacenados en Google, Microsoft, Facebook y demás. Todo con la ley de su lado, aunque en 2011 se haya probado que violaron la Constitución, y siguieron igual.
PRISM no es un caso aislado, es parte de una tradición que sabe infiltrar, espiar y controlar movimientos sociales enteros desde hace décadas. Y esos mismos que montan el show ahora, solo están repitiendo la canción.
Esta administración, aunque perdona a gente como CZ de Binance, no afloja con los desarrolladores que protegen la privacidad, como los de Tornado Cash o Samourai Wallet, quienes han sido perseguidos por escribir código abierto, que en teoría es libre y protegido. Esto ha creado un clima de miedo, y la creatividad para proteger la privacidad está parada.
Para acabarla, solo el 2.67% de los exchanges permite comprar Bitcoin sin pedir toda la información (KYC). Cada vez más bitcoins están en manos de custodios regulados que tienen que reportarle a la OFAC, GAFI y la OCDE. Así que el panóptico financiero de Bitcoin está en plena construcción, y la Bitcoin Conference parece echarle más leña.
Podríamos decir que a los políticos se les permite porque no pueden cambiar las reglas del protocolo. Y eso es cierto; Bitcoin es abierto y no discrimina quién lo usa: político, migrante, criminal o cualquiera. Esa apertura sí es la verdadera revolución.
Pero confiar solo en que la tecnología va a salvarnos es ingenuo. La lucha no es solo en el código, sino en las ideas y en lo material: cómo se mueven los bitcoins, quién los controla, quién manda en la onda social.
Subir al FBI, SEC y demás al escenario no es inocente. No cambian las reglas hoy, pero sí van armando el terreno para cambiarlo mañana.
La verdadera pregunta no es si a los políticos les debe de tocar bitcoin – sí, deben poder usarlo. El punto es qué Bitcoin le abres la puerta principal del evento más grande. Si la conferencia pone al aparato regulador como figura principal y no a los que defienden la privacidad y la libertad, está diciendo algo muy claro. Y vale la pena entenderlo bien.

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