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La bronca con las reglas sobre las stablecoins tiene a los bancos tradicionales medio fregados frente a las empresas de criptomonedas, dice Colin Butler, que es el mero mero en mercados de capitales en Mega Matrix.
Resulta que los bancos ya le han invertido un buen varo en infraestructura para mover activos digitales, pero no pueden sacarle todo el jugo porque los políticos no se ponen de acuerdo sobre cómo deberían agarrarse las stablecoins: si son depósitos, valores o algo nuevo. Los abogados de los bancos les están diciendo a sus jefes: “aguanten la lana hasta que sepamos qué pedo con la regulación”, contó Butler a Cointelegraph.
Algunos bancos ya están echándole ganas: JPMorgan armó su red blockchain Onyx, BNY Mellon lanzó un servicio para guardar activos digitales, y Citigroup hizo pruebas con depósitos tokenizados. Pero, aunque ya pusieron la carne al asador, las reglas confusas los tienen frenados; los de riesgo y cumplimiento no les dan luz verde para aventarse a lo grande sin saber bien qué onda con las stablecoins.
Mientras tanto, las empresas de criptomonedas llevan años jugando en esa zona gris y siguen chido, porque a los bancos les da cosa andar en esas áreas peligrosas, como dijo Butler.
Otra cosa que trae loco al mundo financiero es que el rendimiento que dan las plataformas de stablecoins es mucho más jugoso que el de las cuentas bancarias de siempre. Por ejemplo, en los exchange se puede ganar entre 4 y 5 % solo por tener stablecoins, mientras que una cuenta de ahorro normal en EU da menos del 0.5%. Butler señala que cuando hay más lana fácil, la gente se mueve rápido, así pasó en los años 70 con los fondos del mercado monetario. Ahora el cambio puede ser aún más rápido porque pasar plata del banco a stablecoins es pan comido y la diferencia es grandota.
Aunque Fabian Dori, un pez gordo de Sygnum Bank en Suiza que también se rifa con activo digital, dice que esta brecha bancaria-no-bancaria es grande, todavía no es para perder la cabeza. Él cree que en corto plazo no va a haber fuga masiva de dinero porque la gente sigue valorando la confianza y la regulación. Pero, eso sí, esta diferencia podría hacer que algunos clientes más pilas, como empresas o usuarios que ya saben de fintech, se animen a mover su varo. Y una vez que las stablecoins sean vistas como efectivo digital productivo y no solo para especular, la presión sobre los bancos se va a notar mucho más.
Por otro lado, Butler advierte que si los políticos tratan de limitar cuánto rendimiento pueden dar las stablecoins, podría pasar un rollo chueco: que la lana se vaya a paraísos sin tanta regla. Ahora mismo en EU los emisores de stablecoins no pueden pagar rendimientos directos a los usuarios, aunque los exchange aún pueden ofrecer ganancias mediante préstamos, staking o promociones.
Si meten más freno, la plata podría irse a productos más complejos, como tokens sintéticos en dólares. Por ejemplo, el USDe de Ethena genera rendimiento con derivados en vez de las reservas tradicionales. Eso quiere decir que mientras las stablecoins ‘oficiales’ no puedan dar intereses, otros productos parecidos sí.
Si la cosa se pone así, los reguladores podrían terminar con el tiro por la culata, porque más dinero se movería a lugares menos transparentes y con menos protección para la gente, advirtió Butler. “El capital siempre va a buscar dónde rinde más”, sentenció.
Así que, banda, mientras no haya claridad sobre las reglas, la pelea entre bancos y cripto se va a poner cada vez más intensa, y el futuro de cómo usamos el dinero digital todavía está en el aire.

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