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Pues resulta que el gobierno de Estados Unidos sacó a la luz un fondo estratégico de Bitcoin, y eso hizo ruido entre toda la banda que anda metida en el mundo de las criptomonedas. La neta, en un mundo donde muchos todavía le voltean a los activos digitales, que uno de los pesos pesados económicos del planeta se ponga a juntar Bitcoin es algo bien grosero, como un parteaguas para la economía y las finanzas del futuro.
Al principio, con la nueva administración, se pusieron las pilas: formaron comités, soltaron lana para arrancar y hasta soltaron comunicados que daban esperanzas. Pero la cosa no fue tan explosiva como se esperaba. En lugar de comprar un chorro de Bitcoin para hacer brincar su precio en el mercado, el fondo nació más como un gesto o ‘simbolito’ que como un mega motor de compra. O sea, sí existe, pero no está haciendo olas.
La emoción que traía el rollo se topó en seco con la realidad política. Este fondo fue más una promesa de campaña cumplida al tanteo. El gobierno puede decir: “Ya hicimos el fondo”, pero el impacto en el mercado casi ni se siente. No hay tanta lana metida como para hacer que el Bitcoin suba disparado, y además la movida está bastante controlada y con las riendas bien puestas. Los que pensaban que sería el inicio de algo grande se quedaron con un eco más que con el boom.
En Washington todo es un enredo de intereses y prioridades. La idea de tener una reserva de Bitcoin no salió de la nada; era para ganarse a cierto público, especialmente a quienes están clavados en la tecnología y las finanzas alternativas. Pero llevar esa idea de campaña a la realidad se topó con el muro burocrático y las broncas de los más conservadores, que no le ven nada chido a la volatilidad de Bitcoin ni a la idea de un activo que no controla ningún banco central. Eso les rompe su esquema de política monetaria.
Por eso el fondo es como un malabarismo: hicieron lo justo para decir que cumplieron, pero sin pasarse de lanza para no armar un chisme grande. Más que una reserva gigantesca, es una herramienta para investigar y un pequeño guardadito de valor.
La banda que apoyó la movida se quedó medio chafita porque esperaban que el gobierno de EUA se aventara con todo y aceptara la era digital de una manera firme. Pero lo que recibieron fue puro cuidadito, más un acto de contención que una señal para que todos se lanzaran a invertir. El fondo no prendió la fiesta, sólo prendió la veladora.
Ahora, no hay que tirarle puras piedras y decir que fue un fracaso. Aunque la cantidad de Bitcoin que tienen no es mucha, que el gobierno de uno de los países más grandes y tradicionales reconozca la importancia de tener esa reserva no es poca cosa. Eso legitima al Bitcoin más que cualquier discurso o comunicado. Ya no lo ven como un jueguito, sino como un activo serio, con potencial estratégico.
Quizás esto es solo el primer paso, una movida cautelosa para tantear el terreno antes de aventarse de cabeza. Entonces, más que un fracaso, el fondo es como la semilla que algún día puede crecer en algo grande. Por ahora, el gobierno decidió ir despacio, porque tampoco quiere que las cosas se salgan de control ni generar demasiada volatilidad.
Así que esa prudencia no es falta de ganas, sino una estrategia para ir moviéndose poco a poco. Este fondo es el comienzo de una historia que todavía le falta mucha tinta por escribir, mientras la tecnología y las reglas se van entendiendo mejor.
Al final, la decisión de EUA con su reserva Bitcoin es más un paso práctico que una declaración de amor incondicional. No es una adopción total, sino una exploración con cuidado. Los políticos prefieren ir de poquito en poquito para evitar choques fuertes en el sistema.
Aunque a muchos les haya dado bajón no ver una inversión loca y enorme, esto nos dice que el Bitcoin ya no es un bicho raro, sino que está entrando en la lista de cosas que deben tomar en cuenta los grandes del juego. Este paso pone la mesa para algo más chido en el futuro, cuando se aclaren las cosas y se sepan todas las reglas. Lo de hoy no es el fin, es apenas el inicio de una plática que va para largo.

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